Primatología

Macacos de Berbería

Juguetones pero reflexivos, temibles pero esquivos, queridos por la gente pero amenazados por la actividad humana… unos primates diferentes.

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Macacos de Berbería

La nieve se adhiere al pelaje de un adulto en la cordillera del Atlas Medio. Los macacos de Berbería son los únicos monos africanos que hay al norte del Sahara, y una de las pocas especies de primates que habitan en un clima frío.

Foto: Francisco Mingorance

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Macacos de Berbería

Un macaco de Berbería disfruta de un tentempié después de pasar un buen rato de juegos con otros jóvenes del grupo. Estos primates son omnívoros: comen semillas, hierba, hojas tiernas, bayas y hasta lombrices y reptiles.

Foto: Francisco Mingorance

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Macacos de Berbería

Mingorance llama a este joven macaco «El Pensador». «Me estudió, sorprendido», dice.

Foto: Francisco Mingorance

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Macacos de Berbería

Durante una nevada del mes de noviembre un macho dominante (a la derecha) mordisquea una bellota arrancada del roble sobre el cual se sienta. Su joven compañero prefiere probar la nieve. Los macacos de Berbería se refugian en los árboles cuando hay tormenta.
 

Foto: Francisco Mingorance

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Macacos de Berbería

Una rama de arce sirve de columpio para un macaco juguetón. La tala ilegal pone en jaque los bosques donde viven estos primates en peligro de extinción, y el sobrepastoreo deteriora el sotobosque, de donde obtienen casi toda su dieta.

Foto: Francisco Mingorance

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Macacos de Berbería

Una cría se acurruca en el regazo de su madre junto a un hermano mayor. El comercio de macacos de Berbería está prohibido, pero los furtivos cazan crías para venderlas en Europa, y los vendedores ambulantes las exhiben en los mercados locales, donde los turistas no pueden resistirse a la foto de rigor.

Foto: Francisco Mingorance

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Macacos de Berbería

Un gran bostezo revela la afilada dentadura de estos macacos, a la que rara vez recurren en sus luchas. «Nadie quiere exponerse a salir mal parado», dice la zoóloga Siân Waters.

Foto: Francisco Mingorance

Juguetones pero reflexivos, temibles pero esquivos, queridos por la gente pero amenazados por la actividad humana… unos primates diferentes.

El macaco de Berbería es un mono muy particular. Es el único primate, aparte de los humanos, que se encuentra en el continente africano al norte del Sahara, y el único macaco que vive fuera de Asia. En su día hubo otras especies de macaco en la franja que va desde el este de Asia hasta el noroeste de África; sin embargo, solo la de Berbería soportó los cambios ecológicos y resistió en África.

Pero el área de distribución geográfica no es su única particularidad. Con un grueso pelaje rojizo y una mirada avispada, estos macacos sin cola, del tamaño de un niño de dos o tres años, siempre han sido objeto de deseo –y trofeo de caza– de los viajeros que pasaban por sus dominios. Se han hallado restos óseos de macacos de Berbería en las cenizas de Pompeya, en las entrañas de una antigua catacumba egipcia y enterrados bajo una colina irlandesa desde la que reinaron los reyes del Ulster durante la Edad del Bronce.

Hoy su hábitat se limita a unos cuantos reductos forestales de Marruecos y Argelia, a los que se suma la población semisalvaje de Gibraltar. Por desgracia todavía hay viajeros con la misma pulsión de siempre. Los colectivos conservacionistas calculan que los cazadores furtivos sacan de Marruecos unas 300 crías al año para el creciente mercado europeo de mascotas, lo que malogra la sostenibilidad de las poblaciones. Apenas quedan 6.000 individuos de esta especie amenazada, entre 4.000 y 5.000 de ellos en Marruecos.

El fotógrafo Francisco Mingorance dedicó más de un año a fotografiar a Macaca sylvanus en las elevaciones del Atlas Medio, hogar de una de sus poblaciones más nutridas. «El amor con el que tratan a sus crías es casi humano –dice–. Vi a una madre llevar en brazos durante cuatro días a su cría muerta. Me conmovió en lo más hondo.»

A diferencia de la mayoría de los primates, los machos de esta especie suelen cargar con las crías, explica Bonaventura Majolo, fundador del Barbary Macaque Project, un estudio de la especie iniciado en 2008. Las usan para trabar relaciones amistosas con otros machos. Majolo denomina a esta práctica «interacción sándwich»: un macho coloca la cría entre sí mismo y otro macho, y a veces los adultos se acicalan uno a otro al tiempo que cuidan del pequeño.

Los machos se enfrentan a muchos peligros para proteger a las crías. «Algunos tienen verdadero pánico de las personas», dice Siân Waters, de la ONG Barbary Macaque Awareness & Conservation. Pero cuando ella y sus colegas devuelven una cría perdida o robada, «los machos se acercan a pocos metros. Ver una cría los estimula tanto que pierden cualquier atisbo de miedo».