Los leopardos del Okavango

Yo era un cazador obstinado: el objetivo de mi viaje era un leopardo, el trofeo más envidiado de los llamados «Cinco Grandes» . Pero cuando por fin localicé a «mi» presa y apunté, quedé tan fascinado por su belleza que me fue imposible disparar. Ya más sosegado, dejé el rifle a un lado, cogí la cámara y empecé a hacer fotos.

1 / 14

1 / 14

leopardos01. Panthera pardus

Panthera pardus

En el noroeste de Botsuana, el delta del Okavango constituye un paraje de excepción para la vida salvaje, a salvo de la presión que el ser humano ejerce en otros ecosistemas africanos. Es uno de los mejores lugares para descubrir y conocer de cerca al leopardo.

Foto: Sergey Gorshkov

2 / 14

leopardos02. En el puesto de vigilancia

En el puesto de vigilancia

El leopardo pasa mucho tiempo encaramado en los árboles. Es un refugio seguro donde dormir, descansar o dar cuenta de su alimento, y una buena atalaya desde la cual localizar posibles presas.

Foto: Sergey Gorshkov

3 / 14

leopardos03. Delta del Okavango

Delta del Okavango

El delta del Okavango es uno de los mejores lugares de África para observar al leopardo: un conjunto de humedales poblados de cañas de carrizo y alfombrados de innumerables islotes, arroyos y canales de agua dulce y fresca permiten una explosión de vida salvaje. 

Foto: Sergey Gorshkov

4 / 14

leopardos04. Noviazgos efímeros

Noviazgos efímeros

De hábitos solitarios, los leopardos se juntan únicamente cuando llega el momento de procrear. Durante varios días consecutivos el macho y la hembra se aparean y cazan juntos, pero luego se separan de repente, y pueden pasar varios años antes de reencontrarse.

Foto: Sergey Gorshkov

5 / 14

leopardos05. Prudencia excesiva

Prudencia excesiva

El leopardo raramente defiende la presa que ha cazado, y pocas veces ataca a su víctima si no está seguro de enfrentarse a ella con éxito. Cazador solitario, la más mínima agresión o contratiempo pueden llevar a este felino a renunciar a su pieza, aun cuando demasiados intentos de captura fallidos puedan significar la muerte.

Foto: Sergey Gorshkov

6 / 14

leopardos06. Aepyceros melampus

Aepyceros melampus

Entre las presas del leopardo más habituales se cuentan los impalas.

 

Foto: Sergey Gorshkov

7 / 14

leopardos07. Esquivo animal

Esquivo animal

Los leopardos nunca comen en espacios abiertos. Ocultan su presa entre los arbustos o en lo alto de un árbol, evitando así el acoso de las aves carroñeras y otros depredadores. Para fotografiar una escena como ésta, se necesitan nervios de acero y un profundo conocimiento de los hábitos del animal. Hay que saber predecir con tiempo sus cambios de comportamiento para seguir sus movimientos sin ser atacado.

 

Foto: Sergey Gorshkov

8 / 14

leopardos08. Un atleta nato

Un atleta nato

Para un leopardo, un salto vertical de tres metros es un juego de niños. Este felino es capaz de levantar dos veces su propio peso corporal, por ejemplo, subiendo un impala adulto a un árbol.

Foto: Sergey Gorshkov

9 / 14

leopardos09. Una dura infancia

Una dura infancia

Cuando recibí un mensaje de mi guía con la noticia de que en Mombo habían nacido tres cachorros de leopardo, lo dejé todo y me fui rápidamente a Botswana. A mi llegada, sólo dos estaban vivos; el tercero había sido devorado por las hienas. Permanecí varias horas junto a aquella familia y me convertí en testigo de su vida cotidiana, de cómo cazan, y de cómo la madre enseña a sus crías a sobrevivir en el delta. Posteriormente supe que los otros dos cachorros también habían muerto, tal vez víctimas de los leones.

 

Foto: Sergey Gorshkov

10 / 14

leopardos10. Estación lluviosa en el delta

Estación lluviosa en el delta

Durante la época de inundaciones estacionales el leopardo encuentra agua en abundancia en las numerosas charcas del delta del Okavango.

Sergey Gorshkov

11 / 14

leopardos11. Felino de los árboles

Felino de los árboles

El cuerpo del leopardo parece diseñado para adaptarse perfectamente a las sinuosas ramas de los árboles, donde el felino se siente a sus anchas.

Foto: Sergey Gorshkov

12 / 14

leopardos12. Los dominios de un príncipe

Los dominios de un príncipe

Es un animal territorial: este macho de unos seis años de edad controla un vasto territorio en el norte de Botswana, donde habitan tres hembras.

Foto: Sergey Gorshkov

13 / 14

leopardos13. Acecho nocturno

Acecho nocturno

La llegada de la oscuridad no interrumpe la vida en el delta del Okavango. El leopardo caza a menudo por la noche y descansa durante el día. Se alimenta de mamíferos de tamaño mediano o pequeño, como monos, ciervos, chacales, antílopes o ganado, y también de aves.

Foto: Sergey Gorshkov

14 / 14

leopardos14. Acecho nocturno

Acecho nocturno

La llegada de la oscuridad no interrumpe la vida en el delta del Okavango. El leopardo caza a menudo por la noche y descansa durante el día. Se alimenta de mamíferos de tamaño mediano o pequeño, como monos, ciervos, chacales, antílopes o ganado, y también de aves.

Foto: Sergey Gorshkov

1 de junio de 2011

Cuando hace muchos años viajé por primera vez a África, a Zimbabwe, lo hice, como muchos de mis compatriotas, con un rifle en las manos. Yo era un cazador obstinado: el objetivo de mi viaje era un leopardo, el trofeo más envidiado de los llamados «Cinco Grandes» (león, elefante, búfalo, rinoceronte y leopardo). Pero cuando por fin localicé a «mi» presa y apunté, quedé tan fascinado por su belleza que me fue imposible disparar. Ya más sosegado, dejé el rifle a un lado, cogí la cámara y empecé a hacer fotos. Como si de una muestra de agradecimiento se tratara, un par de leopardos permaneció durante horas frente a mi cámara. En vez de salir huyendo, decidieron «posar» para mí. Me quedé observando y fotografiando aquellas hermosas criaturas sin el menor deseo de retomar el arma, sin ansia de trofeos.

La guerra del rinoceronte: combatiendo la caza furtiva

Más información

La guerra del rinoceronte: combatiendo la caza furtiva

Me prometí no volver a disparar un rifle y me convertí en un cazador de imágenes. Jamás me he arrepentido de aquella decisión: fue mi nacimiento como fotógrafo. Descubrí que observar la vida salvaje es mucho más interesante que aniquilarla. ¿Dónde está la recompensa del cazador? Ve a la presa durante unos instantes, después aprieta el gatillo y ahí se acaba todo. El fotógrafo, sin embargo, puede emplear días, semanas o meses estudiando cuidadosamente los hábitos del animal y esperando que se presente la ocasión de un disparo único e irrepetible.

«El África salvaje ya no existe –me dijo una vez mi guía–. Sólo quedan pequeños enclaves donde todavía puede verse una vida salvaje genuina. La razón es simple: la población crece y los hábitats de la gran fauna africana son ocupados con rapidez por los seres humanos.» Uno de esos hábitats intactos lo constituye el delta del Okavango, en el noroeste de Botswana. El Okavango es uno de los pocos ríos del mundo que desembocan en un delta interior, sin salida al mar, lo que crea un conjunto natural de humedales poblados de cañas de carrizo y alfombrados de innumerables islotes, arroyos y canales de agua dulce y fresca, esencial para todo organismo viviente.

Thandiwe Mweetwa: la protectora de los leones

Más información

Thandiwe Mweetwa: la protectora de los leones

Un ciclo periódico de inundaciones y sequías convierte este rincón de África en un lugar inapropiado para la vida humana, pero óptimo para la fauna. En el mo­­mento de máxima inundación, cuando el río Okavango se desborda en invierno por el enorme aporte de agua de lluvia recibida en las tierras altas de Angola durante el verano, la superficie del delta puede llegar a alcanzar 25.000 kilómetros cuadrados, reduciéndose a menos de 9.000 en la estación seca. Para muchos fotógrafos de na­­turaleza que trabajan en África, el delta del Okavango es como un hogar. Así es para los legendarios Dereck y Beverly Joubert, estudiosos de los grandes felinos africanos, que han vivido durante los últimos 25 años en el Okavango. Ellos fueron quienes me recomendaron esta tierra como el mejor lugar para fotografiar leopardos.

Mi cambio de actitud hacia los animales coincidió con los cambios ocurridos en la propia África. En mis primeros viajes al continente negro, un número considerable de puntos turísticos se dedicaban por completo a los safaris de caza, y mucha gente todavía hoy piensa en África como en la tierra que aniquila sin escrúpulos el preciado patrimonio que constituye su fauna. En los últimos años, sin embargo, las cosas han cambiado, y lo han hecho a mejor. Muchos propietarios de parques privados y algunas instancias gubernamentales se han dado cuenta de que es mucho más rentable recibir en los campamentos a visitantes con cámaras fotográficas que con rifles: de este modo, un solo león puede ser «vendido» infinitas veces sin causar daño alguno a su salud. Es más, en África es cada vez más difícil encontrar lugares donde contratar un safari de caza tradicional, y, sinceramente, me alegro de ello. Se comenta que el Gobierno de Botswana tiene intención de prohibir totalmente la caza.

Guepardos al límite

Más información

Guepardos al límite

Cuando me preguntan cuál es el mejor sitio para contemplar la fauna africana, mi respuesta es siempre la misma: la isla de Mombo, el edén de África, una de las áreas pantanosas en la parte oriental del delta del Okavango. En las fértiles llanuras de inundación y en los bosques de acacias hay una gran abundancia de alimento y de vegetación que atraen a toda criatura viviente. Mombo, al igual que la isla Chiefs, forma parte de la llamada Reserva Natural de Moremi.

Hasta la década de 1970 era una región apenas explorada. En el año 1984 se creó el primer campamento de caza, llamado Mombo, pero su funcionamiento como tal duró muy poco. En 1991 fue vendido a sus actuales propietarios, quienes pronto lo convirtieron en un centro para el turismo de safaris fotográficos. Hoy es uno de los más populares y prestigiosos de África.

La principal razón de que Mombo sea un paraíso ecológico es el agua. Hay suficiente durante todo el año, por lo que todos los animales, desde herbívoros hasta depredadores, tienen alimento. En Mombo han fijado su territorio cinco manadas de leones, cuya población es de entre 85 y 90 individuos. Los leopardos, probablemente cinco veces menos numerosos, son mis favoritos.

Botswana es un paraíso para los fotógrafos. Las reservas naturales y los parques nacionales de Kenya o Tanzania, con sus interminables caravanas de vehículos todoterreno avanzando estrictamente por las rutas autorizadas por los reglamentos, recuerdan a veces un gigantesco parque zoológico. Además, allí existe la prohibición de circular de noche, aunque es sabido que la vida salvaje en África se muestra con todo su esplendor a partir del momento en que el sol se oculta en el horizonte.

Leones, leopardos y bisontes ocuparon el actual País Vasco hace 100.000 años

Más información

Descubren un yacimiento paleontológico excepcional en el País Vasco

Por el contrario, en los parques de Botswana uno tiene total libertad de movimiento, en cualquier dirección, en cualquier momento; y hay una importante limitación en cuanto al número de vehículos en el interior del parque. Aquí es fácil estar a solas con la fauna: sólo tú y los leopardos. Con cada viaje siento que las imágenes son mejores, pero queda tanto por fotografiar. Por eso regreso a África una y otra vez.