Loros, las aves más humanas

Los loros y aves afines cantan, bailan, nos imitan y nos roban el corazón. Pero su popularidad es también una amenaza

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aves2. Cacatúa gangang

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Cacatúa gangang

La cacatúa gangang es una de las más o menos 20 especies de cacatúas que existen. La mayoría vive en Australia.

Foto: Joel Sartore. Fotografías tomadas en el Zoo de Indianápolis

aves1. Lorito de Edwards

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Lorito de Edwards

Pinceladas de vivos colores enmarcan el ojo de un lorito de Edwards, que se alimenta de higos y otros frutos, néctar y tal vez insectos. Este llamativo habitante de los bosques también se siente cómodo cerca de las poblaciones humanas de Indonesia y Papúa y Nueva Guinea.

Foto: Joel Sartore, fotografía tomada en Loro Parque Fundación, islas Canarias

aves3. Loros negros

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Loros negros

Los loros negros tienen una vida amorosa muy ajetreada: las hembras persiguen y se aparean con múltiples machos. Esta conducta propia de la población de Madagascar podría ser una respuesta a la escasez de alimentos, dado que los machos alimentan a las hembras durante el cortejo.

Foto: Joel Sartore, fotografía tomada en el Loro Parque Fundación, islas Canarias

aves5. Lori rojo

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Lori rojo

El lori rojo, de amplia área de distribución, ha logrado librarse de la extinción a pesar de que solía capturarse para el mercado internacional de mascotas

Foto: Joel Sartore

aves7. Periquito turquesa

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Periquito turquesa

El periquito turquesa de Australia estuvo a punto de desaparecer a principios del siglo XX, pero ha reaparecido

Foto: Joel Sartore

aves6. Aratinga de Finch

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Aratinga de Finch

Debido a su preferencia por las lindes de los bosques, a la aratinga de Finsch le ha beneficiado la deforestación.

 

Foto: Joel Sartore

aves10. Guacamayo barbiazul

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Guacamayo barbiazul

El guacamayo barbiazul, el peligro crítico, depende en gran medida de una única especie de palmera del noroeste de Bolivia.

Foto: Joel Sartore

aves11. Papagayo alirrojo

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Papagayo alirrojo

Los machos de papagayo alirrojo de Australia, Indonesia y Papúa y Nueva Guinea tienen un colorido fascinante, pero es posible que las hembras perciban aún más colores que nosotros. Al igual que muchas otras aves, esta especie puede ver la luz ultravioleta. Algunas plumas emiten fluorescencia cuando se exponen a la luz ultravioleta, lo que hace pensar que las aves usan un complejo espectro de longitudes de onda para comunicarse con sus potenciales parejas.

Foto: Joel Sartore, tomada en el Loro Parque Fundación, islas Canarias

aves8. Loro ecléctico

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Loro ecléctico

Una hembra de loro ecléctico dedica una burlona mirada a la cámara. Aunque entre las aves los machos suelen ser más vistosos que sus parejas, en el caso de esta especie es la hembra la que ostenta un llamativo plumaje rojo, mientras que el macho luce un color verde más apagado.

Foto: Joel Sartore, foto tomada en el Zoo de Palm Beach, Florida

aves12. Cotorra cariñosa

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Cotorra cariñosa

Con su cabeza rosada y su llamativo canto, la cotorra cariñosa ha sido un apreciado animal de compañía durante siglos, en especial en Europa. Capturada sobre todo en los bosques de Birmania y Thailandia, hoy se la considera una especie casi amenazada de extinción.

Foto: Joel Sartore. Fotografías tomadsa en Loro Parque Fundación, islas Canarias

aves9. Lori de Biak

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Lori de Biak

El lori de Biak suele avistarse junto a otras especies de loros y afines en ruidosas bandadas.

Foto: Joel Sartore

STOCK MM8558 NationalGeographic 2683234. Loros yacos

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Loros yacos

Los loros tacos aprenden a hablar igual que los niños: utilizan la lengua para reproducir las palabras que oyen. Los experimentos realizados con Alex, un ejemplar famoso por su agudeza, demostraron que era capaz de comprender el concepto de cero.

Foto: Joel Sartore. Fotografa tomadas en Parrots in Paradise, Australia

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Loros, las aves más humanas

De vez en cuando los cantos de un solista que está ensayando se cuelan por los exuberantes aviarios del Umgeni River Bird Park. ¿Y quién es la prima donna en cuestión? Una amazona frentiazul llamada Molly que aprendió a hacer escalas de su antiguo dueño. Muchos de los loros y aves afines que hay en este zoo y centro de cría de Durban, en Sudáfrica, son ejemplares rescatados, abandonados por gente no preparada para las dificultades que supone tener un ave grande y delicada. Los loros y demás psitaciformes no solo son ruidosos y traviesos; algunos son tan inteligentes como un niño de tres años, y algunos pueden vivir hasta los 80 años.

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Aun así, su atractivo –el ecólogo Stuart Marsden califica a los loros y afines como "los humanos del mundo de las aves"– puede ser irresistible. Son aves muy sociales e inteligentes que crean fuertes vínculos con sus propietarios. Si a eso su­mamos su capacidad para imitar las voces humanas, no es casualidad que posiblemente sean las aves de compañía más populares del mundo.

Los loros y afines crean fuertes vínculos con sus propietarios. Si a eso sumamos su capacidad para imitar las voces humanas, no es casualidad que posiblemente sean las aves de compañía más populares del mundo.


Sin embargo, en algunos casos esa popularidad los está perjudicando. Pese a los sólidos programas de cría que hay por todo el mundo, se siguen capturando ilegalmente del medio natural. Una razón es que las bandas criminales que han ganado miles de millones de euros con el tráfico de animales como elefantes y rinocerontes han añadido estas aves a su lista. Se sabe de cacatúas enlutadas que han alcanzado un precio de casi 25.000 euros en el mercado negro.

El comercio ilegal de loros y afines campa a sus anchas en Latinoamérica y en el Caribe, donde la legislación puede ser laxa o difícil de aplicar.
"Si te compras un loro en Estados Unidos, la probabilidad de que haya sido criado en cautividad es del 99 %", dice Donald Brightsmith, zoólogo de la Universidad de Texas A&M dedicado al estudio de los guacamayos de Perú. Pero "si estás en Perú, Costa Rica o México, la probabilidad de que sea un ejemplar salvaje capturado es del 99%".

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La demanda de mascotas, sumada a la deforestación y la pérdida de hábitat, es la principal causa de que los loros y afines estén en peligro de extinción. De las aproximadamente 350 especies que hay, todas menos cuatro requieren protección según la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES).

La especie más codiciada es, con diferencia, el loro yaco, el más parlanchín de todos. Según la CITES, durante las últimas cuatro décadas al me­nos 1,3 millones de estos loros africanos se han exportado legalmente desde los 18 países en donde habitan. Pero probablemente cientos de miles más hayan muerto durante el viaje o hayan sido arrebatados de los bosques lluviosos de África occidental y central.

El mercado principal se sitúa en Sudáfrica, el mayor exportador de loros yacos. Tradicionalmente la mayoría de los pedidos llegaban desde Estados Unidos y Europa, pero el temor a la gripe aviar y las leyes que restringen el tráfico de aves han acabado con estos mercados. Y el vacío lo ha llenado Oriente Próximo, región a la que Sudáfrica exportó miles de loros yacos en 2016.

Aquel año la CITES tomó la controvertida decisión de añadir el loro yaco al Apéndice I, categoría que incluye las especies en peligro de extinción. Para seguir exportando, ahora los criadores deben demostrar a los inspectores de la CITES que sus loros yacos se han criado en cautividad y no han sido capturados en la naturaleza. La mayoría de los pollos nacidos en cautividad llevan en la pata un anillo identificador permanente. Es posible que los traficantes ilegales hayan descubierto un modo de anillar ejemplares salvajes, así que no siempre es fácil distinguir unos de otros. Pero podría haber una solución.

Según la CITES, durante las últimas cuatro décadas al me­nos 1,3 millones de estos loros africanos se han exportado legalmente desde los 18 países en donde habitan.


Investigando diferentes perfiles genéticos, científicos de la Universidad de KwaZulu-Natal, en Sudáfrica, esperan desarrollar un método genético para determinar si un ave es salvaje o criada en cautividad. Este estudio podría conducir a un test que permita al criador, al comprador o al inspector del aeropuerto tomar una muestra de un ejemplar y descubrir su origen de forma inmediata. Un enfoque similar se basa en el uso de isótopos químicos en las plumas de los loros para descubrir su dieta y así determinar su lugar de origen.

En los últimos años se han producido algunos avances prometedores: Arabia Saudí y la Unión de Emiratos Árabes –países que al principio se negaban a implantar las restricciones de la CITES– han anunciado que dejarán de importar loros yacos salvajes.

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También ha habido éxitos en el ámbito de la conservación. Un ejemplo es el de la amazona puertorriqueña, especie en peligro crítico que llegó a contar con solo 13 individuos en la década de 1970. Entonces se lanzó un programa de cría en cautividad y se instalaron cajas nido hechas con tubos de PVC. Ahora hay cientos de ejemplares salvajes y cautivos, aunque dos huracanes en 2017 causaron un retroceso en la población.

Según los conservacionistas, el desafío a largo plazo es convencer a la gente de que estas aves son algo más que esos divertidos compañeros de los piratas, en cuyos hombros van posados, o que unas mascotas que cantan canciones y sueltan tacos desde una jaula. Son cientos de especies que viven en libertad en casi todos los continentes, un conjunto de aves ruidosas y coloridas que en poco tiempo podrían desaparecer.

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