Historia de dos atolones

Entre Madagascar y la costa de Mozambique hay dos minúsculos territorios franceses. Cobijo para las tortugas verdes y los tiburones de Galápagos.

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036Bassas Europa AtollsThomas P. Isla Europa

Isla Europa

Aferrada en el abrazo de su compañero,  una hembra de tortuga verde se desliza por el mar añil de Isla Europa, una zona de cría crucial para esta especie en peligro.

Foto: Thomas P. Peschak

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La inspiración de Darwin

Aunque su nombre alude a las islas que inspiraron a Darwin la teoría de la evolución, los tiburones de Galápagos viven en arrecifes oceánicos tropicales de todo el mundo. Casi todos los tiburones de la laguna de Bassas da India pertenecen a esta especie, para la cual, se cree, la laguna es un vivero.

Foto: Thomas P. Peschak

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03Bassas Europa AtollsThomas P. Refugio de fauna

Refugio de fauna

Probablemente la laguna sea un refugio de juventud para el tiburón de Galápagos, en cuyas aguas está protegido de la depredación de los  adultos de su misma especie antes de enfrentarse a los peligros de mar abierto

Foto: Thomas P. Peschak

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Bassas da India

En la laguna del atolón, jóvenes tiburones de Galápagos investigan la cámara con sus hocicos. Los arrecifes relativamente intactos de los dos atolones son un referente para otros ecosistemas marinos, dice Thomas Peschak. «En otros lugares del océano Índico solamente veo lo que falta.»

Foto: Thomas P. Peschak

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020Bassas Europa AtollsThomas P. Atolones de Mozambique

Atolones de Mozambique

Pocos submarinistas tienen la oportunidad de explorar  los arrecifes que rodean Isla Europa, enclavada en un tramo del canal de Mozambique conocido por sus enormes remolinos, sus ricos afloramientos de nutrientes, sus corrientes sinuosas… y su espectacular oleaje.

Foto: Thomas P. Peschak

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MZA0004TPESCHAK. Un festival sexual acuático

Un festival sexual acuático

Los empujones y mordiscos del cortejo de las tortugas son el preludio de un apareamiento que puede durar horas. La promiscuidad es desenfrenada, y los machos, espoleados por las hormonas, tratan constantemente de desbancar a los rivales.

Foto: Thomas P. Peschak

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079Bassas Europa AtollsThomas P. Un espectáculo circense

Un espectáculo circense

Durante el apareamiento, el macho se aferra al caparazón de la hembra con las aletas y la cola.

Foto: Thomas P. Peschak

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039Bassas Europa AtollsThomas P. Isla Europa

Isla Europa

Una vez cumplida su misión, dos tortugas verdes siguen cada una por su lado por la somera llanura arrecifal de Isla Europa.

Foto: Thomas P. Peschak

5 de mayo de 2014

Imagine dos rocas bailando. Algo parecido a eso es el apareamiento de las tortugas: dos mastodontes del tamaño de un luchador de sumo aferrados cada uno de ellos al caparazón del otro, aleteando con languidez por las aguas cristalinas de un arrecife de coral. Un arrecife como el que circunda Isla Europa, un atolón situado frente a la costa sudoccidental de Madagascar, donde todos los años se congregan más de 10.000 hembras de tortuga verde para aparearse y posteriormente desovar en tierra.

«Cuando lo hacen las lombrices, resulta curioso. Cuando son tortugas de 180 kilos, es un circo.»

La tortuga verde utiliza una estrategia reproductora denominada «poligamia competitiva». En vez de consumir energías defendiendo un territorio o entablando combate, los machos concentran su esfuerzo en encontrar una hembra desparejada… o en interrumpir un apareamiento. Están provistos de grandes uñas en las aletas y en la cola, que usan para engancharse al caparazón de la hembra. Los rivales intentan bajar al galán por la fuerza, a base de empujones y mordiscos, que suelen dejar heridos a ambos miembros de la pareja. De vez en cuando un rival enloquecido por las hormonas se engancha al caparazón del macho que se está apareando. «Una absoluta pérdida de tiempo», apunta el biólogo marino Wallace J. Nichols, quien ha visto superposiciones de hasta cuatro machos, cada uno enganchado al siguiente. «Cuando lo hacen las lombrices, resulta curioso –observa–. Cuando son tortugas de 180 kilos, es un circo.»

El circo de las tortugas de Isla Europa no suele tener espectadores humanos. La isla es una reserva natural y sus aguas están protegidas. Al igual que su vecina Bassas da India, a unos 110 kilómetros al noroeste, forma parte de las islas Dispersas, cinco manchas de tierra que rodean Madagascar y que forman parte de las Tierras Australes y Antárticas Francesas.

Esa soberanía, aunque disputada por Madagascar y otros países, es estratégica. La superficie terrestre total de las cinco islas Dispersas no llega a los 45 kilómetros cuadrados, pero su zona económica exclusiva conjunta es 15.000 veces mayor: un área marítima similar a la superficie de Francia. Por fortuna para la biodiversidad de las islas, Francia las protege de la pesca ilegal y de la caza furtiva de tortugas. En varias islas hay guarniciones militares y una gendarmería, y buques de la Marina patrullan sus aguas.

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Aunque muy próximas en medio del canal de Mozambique, Isla Europa y Bassas da India no se parecen en nada. La primera es una isla cubierta de matorral donde nidifican tortugas y vive un millón de parejas reproductoras de aves marinas. Bassas es un atolón que apenas asoma del agua, con una laguna algo mayor que Formentera infestada de tiburones. Ambas se cuentan entre los últimos ecosistemas marinos sanos que resisten en el Índico occidental, santuarios de naturaleza salvaje en unos mares esquilmados. «Desde la superficie no llaman la atención, parecen simples puntitos de tierra –dice el biólogo marino Thomas Peschak, autor de las fotografías de este reportaje–, pero sumergirte en sus aguas te cambia para siempre.»

Las dos se encuentran en una zona del océano cuyas caprichosas corrientes y remolinos impredecibles han puesto a prueba a los marinos desde hace siglos. Hoy los científicos han dado con un modo de estudiar ese entorno sin necesidad de hacerse a la mar. Beneficiándose de la estrecha relación ecológica entre las aves marinas y la fauna oceánica, utilizan las primeras para estudiar la distribución de especies de alta mar, como el atún. Muchas aves marinas tropicales dependen de que estos cazadores marinos conduzcan a sus presas hacia la superficie, donde quedan a merced de picos y garras.

Los piqueros y los charranes trabajan en equipo, formando bandadas que vigilan las evoluciones de la ictiofauna justo desde la superficie. En sus incursiones colectivas despegan en formación y se despliegan en abanico, en constante contacto visual unos con otros, siempre alerta por si alguno localiza una presa. A su vez, otras especies vigilan a los vigilantes desde alturas muy superiores. Los rabihorcados se llevan la palma entre las especies que vuelan a mayor altura. Estos acróbatas excepcionales se dejan llevar por las corrientes térmicas y alcanzan altitudes por encima del kilómetro para escudriñar no solo el mar, sino también las aves de vuelo bajo. Cuando localizan una bandada que ha hallado presas, se valen de sus angulosas alas negras –con una envergadura de dos metros– para descender en picado y arrebatar un calamar de entre las olas o interrumpir el salto de un pez volador.

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En Bassas da India no hay árboles en los que las aves puedan posarse ni playas en las que las tortugas puedan desovar. Bassas es un atolón joven, que aún se está formando sobre su volcán progenitor, un monte submarino que emergió del lecho marino a tres kilómetros de profundidad.

Mientras que Isla Europa tiene manglares y una laguna somera que se seca casi por completo con la bajamar, en Bassas no hay vegetación y la laguna, que en ciertos puntos alcanza 14 metros de profundidad, es un gigantesco acuario tropical rebosante de tiburones jóvenes. La mayoría son tiburones de Galápagos, una especie que suele encontrarse cerca de las islas tropicales pero rara vez en concentraciones tan elevadas como aquí. Los biólogos, desconcertados de que estos tiburones sean tan predominantes en Bassas, han aventurado que tal vez la limitada gama de hábitats existentes en la laguna de este atolón redunda en su beneficio, mientras que en la laguna de Isla Europa la presencia de manglares y praderas submarinas ofrece hábitat o cobijo a otras especies. Quizá Bassas constituya una instantánea única del ciclo vital de un tiburón, además de un ejemplo tristemente excepcional de prosperidad en la población juvenil de una especie muy explotada.

Cuando baja la marea en Bassas da India, quedan a la vista las anclas de los barcos que a lo largo de los siglos han naufragado en el arrecife. En 1585 el Santiago, un buque portugués de 900 toneladas, se partió en dos al colisio­nar con el arrecife en plena noche. Hubo más de 400 muertos, y los metales preciosos que llenaban las bodegas cayeron a las profundidades. En la década de 1970 unos buzos recobraron parte del tesoro: monedas de plata, cañones de bronce, joyas, un astrolabio. Pero eso son bagatelas en comparación con la verdadera riqueza de Bassas da India e Isla Europa: no el oro y la plata de barcos antiguos, sino la biodiversidad de estas islas diminutas.