Flamencos del Caribe, aves de paso

Los flamencos del Caribe se desplazan en grandes bandadas, quizá para aumentar sus posibilidades de supervivencia en un un mundo peligroso. Una explosión de color captada por el fotógrafo Klaus Nigge.

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Flamencos del Caribe

Los flamencos se reúnen para el cortejo en la península de Yucatán, México.

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Foto: Klaus Nigge

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Flamencos del Caribe

Los flamencos, siempre fieles a sus bandadas salvajes, se mueven al unísono cuando perciben una amenaza. Aquí, cerca de Sisal, en México, una avioneta de investigación los está sobrevolando. Varios grupos reproductores importantes viven en los estuarios del mar Caribe, y más allá.

Foto: Klaus Nigge

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Flamencos del Caribe

Los pigmentos de las artemias, pequeños crustáceos abundantes en Yucatán, donde han sido fotografiados estos flamencos, dan a las plumas de las aves su tono coralino.

Foto: Klaus Nigge

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Flamencos del Caribe

Los futuros padres fabrican con el pico un montículo de barro para el huevo. Cuando este eclosiona, los orgullosos progenitores alimentan al pollo con «leche de buche», una sustancia rica en grasas y proteínas que ambos padres producen en el tracto digestivo y regurgitan para la cría.

Foto: Klaus Nigge

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Flamencos del Caribe

Cuando los pollos tienen un par de semanas, los padres los dejan en la «guardería» y se van en busca de comida, turnándose de día y de noche para alimentarlos. Aunque unos pocos adultos los cuidan, los pequeños son vulnerables al ataque de depredadores, como perros y jaguares.

Foto: Klaus Nigge

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Flamencos del Caribe

Despiertos antes del alba y reunidos en un recinto para ser anillados antes de que inicien sus viajes, un grupo de flamencos jóvenes se apiña en la Reserva de la Biosfera de Ría Lagartos, en México. Las bandadas pueden trasladarse cientos de kilómetros sin dispersarse en busca de comida.

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Foto: Klaus Nigge

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Flamencos del Caribe

Un flamenco del Caribe corre para levantar el vuelo y despegar de una laguna somera en Ría Lagartos. Estas aves son hábiles voladoras, en solitario y en bandadas.

Foto: Klaus Nigge

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Flamencos del Caribe

Por la tarde grandes bandadas de flamencos abandonan los puestos de cría para pasar la noche en aguas someras.

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Foto: Klaus Nigge

23 de marzo de 2012

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Un flamenco parece un pájaro inventado por un niño de cuatro años con una imaginación desbordante: patas absurdamente largas, tobillos nudosos (que parecen rodillas), un cuello largo y sinuoso y un pico desmesurado, pintado con el color más llamativo de la caja de ceras. Pero la suma de todas esas rarezas físicas permite al flamenco del Caribe vivir y prosperar en salinas, humedales costeros, lagunas mareales y manglares. Con el pico ganchudo reúne trozos de barro para fabricar el nido. Y las laminillas del interior del pico le sirven para filtrar el agua, que contiene pequeños crustáceos, moluscos, insectos y larvas, así como vegetación acuática.

¿Y qué decir de las gloriosas plumas? Parecen existir únicamente para nuestro deleite. Aunque de hecho al principio no son tan rosadas. Los pollos nacen con plumas blancas que luego se tornan grises, y con el tiempo cambian al rosa por la acción de unas bacterias del agua y del betacaroteno contenido en la comida que ingieren.

Aunque los flamencos se han convertido en una imagen tópica, siguen siendo animales misteriosos. "Por muy reconocibles que nos parezcan, sabemos muy poco de ellos", dice Chris Brown, conservador de aves del zoo y acuario infantil de Dallas, que estudia los flamencos en la península mexicana de Yucatán. Los científicos ni siquiera pueden explicar algunos de sus comportamientos más simples, como el hecho de quedarse de pie sobre una sola pata (algunos presuponen que tiene que ver con su manera de descansar). Y puesto que los flamencos viven en regiones de difícil acceso y se marchan cuando los terrenos que habitan se secan o se inundan, no es fácil hacer un recuento de sus poblaciones ni seguirles la pista, y menos aún averiguar cómo les afectan las sequías, los huracanes y las fluctuaciones del nivel del agua causadas por el cambio climático o el desarrollo costero.

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Sabemos, sin embargo, que los flamencos que viven en libertad en grandes bandadas son gregarios y extremadamente fieles al grupo. A veces los machos se reúnen para interpretar juntos danzas de apareamiento. Los progenitores cuidan con suma atención de los pollos, reuniéndolos en "guarderías" para que estén protegidos mientras machos y hembras van a buscar comida. Y cuando amenaza un peligro, miles de aves se mueven como una sola, en una coreografía que quizás aumente sus probabilidades de supervivencia en un mundo peligroso.