Diferencias entre machos y hembras en animales de la naturaleza

En el reino animal muchas hembras superan con creces a los machos en tamaño, y siempre es por una buena razón

Dos arañas tejedoras de seda de oro durante el apareamiento

Dos arañas tejedoras de seda de oro durante el apareamiento

Aunque parecen una araña adulta con su cría, esta imagen retrata un macho (más pequeño) y una hembra, durante el apareamiento.

Foto: Thai National Park/ Wikimedia Commons

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El dimorfismo sexual, o la diferencia en la fisionomía externa de machos y hembras, es un rasgo generalizado en la mayoría de especies del reino animal, en mayor o menor grado. Si te fijas en los seres humanos verás muchas diferencias entre el sexo masculino y femenino perceptibles a simple vista. Desde la cantidad de pelo hasta el tamaño de los senos.

Los machos de pato mandarín, por ejemplo, presentan un plumaje llamativo que los diferencia claramente de las hembras u otras aves similares. Algo parecido sucede, por ejemplo, con el gallo y la gallina. En algunos primates, esa mayor vistosidad de los machos la queda todavía más patente.

Es el caso, por ejemplo, de los monos narigudos, cuyos machos cuentan con una nariz larga y carnosa que ha evolucionado a través de la selección sexual para enviar los mensajes a las hembras que les proporcionen la posibilidad de transmitir sus genes, o de los mandriles, cuyos machos pueden llegar a pesar el doble que las hembras.

Sin embargo, los machos no siempre llevan la voz cantante. En algunas especies de ranas, tortugas, lagartos y arañas, lo habitual es que las hembras sean mucho más grandes que los machos.

Hembras que pesan diez veces más

Por ejemplo, la tortuga mapa común (Graptemys geographica), nativa del centro y el este de Estados Unidos, puede doblar la longitud y multiplicar por diez el peso del macho, lo que le facilita cargar con un mayor número de huevos.

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En el caso de las arañas tejedoras de seda de oro y las arañas cangrejo, las hembras pueden llegar a medir cientos de veces más que sus compañeros. En este caso, la ventaja es para los machos, que pueden desplazarse fácilmente por árboles caídos, rocas y otros recovecos para llegar a las hembras, que suelen permanecer inmóviles en la tela de araña.

Un estudio de 2010 desveló que las arañas de menor tamaño tenían más probabilidades de “tender un puente” de seda fabricado por ellas mismas y desplazarse entre ellas, una treta que les permite dispersarse más rápidamente y tener mayores oportunidades de apareamiento.

Machos que viven dentro de las hembras

En el océano la cosa se complica para los machos, que pueden tener serias dificultades para encontrar compañera en el mar abierto.

Por ejemplo, las hembras de pulpo manta, una especie que habita en mares tropicales y subtropicales, pueden alcanzar los dos metros de largo, comparado con los aproximadamente 2 centímetros de longitud que miden los machos. Además, pueden llegar a pesar hasta 40.000 veces más que sus compañeros, quienes destinan más energía a perseguir machos que a ganar peso.

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Otro ejemplo de dimorfismo sexual extremo nos lo dan los llamados “gusanos zombis” (género Osedax) que se alimentan de los esqueletos de ballenas muertas que yacen en el fondo del océano. Las hembras miden hasta siete centímetros de largo, mientras que los machos son microscópicos. De hecho, pueden encontrarse entre 50 y 100 machos viviendo dentro de las hembras, en uno de los harenes más extraños de la naturaleza. Su único propósito, según creen los investigadores, es producir esperma.


En algunos casos, las diferencias de tamaño de los sexos en realidad hacen la vida más fácil. Las hembras de tortugas mapa, por ejemplo, pueden aplastar las conchas de las almejas con las que se alimentan con mayor facilidad, una tarea imposible para los machos. Ello se traduce en una menor competencia entre especies para conseguir alimento. Una manera muy práctica de ganarse la paz conyugal.

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