Diario de un fotógrafo: un mundo inundado

Gideon Mendel, un fotógrafo de la República de Sudáfrica interesado por el cambio climático, plasma en sus imágenes la capacidad de destrucción de las inundaciones y el lado más humano de las tragedias medioambientales: la vulnerabilidad de las víctimas

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Wilaiporn Hongjantuek, Tailandia

Las inundaciones de Tailandia de 2012, las peores en 50 años, anegaron el pueblo de Wilaiporn Hongjantuek, pero así y todo ella fue a la tienda para abastecer a los suyos.

Foto: Gideon Mendel

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Somerset, Inglaterra

Los temporales que azotaron las islas Británicas durante el invierno de 2013-2014 hicieron que se registraran lluvias e inundaciones generalizadas en Inglaterra. En la zona de Somerset Levels, un área muy llana, miles de hectáreas de tierra agrícola, como la explotación de Roger Forgan, quedaron anegadas durante meses.

Foto: Gideon Mendel

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Burrowbridge, Somerset, Inglaterra

En Burrowbridge, un pueblo de Somerset, Dave Donaldson y su hija Heather, de 12 años, posan en su casa inundada. Aunque el resto de la familia fue evacuada temporalmente, Dave se quedó para intentar salvar el ganado de una devastación que, en palabras suyas, «parecía la escena de una extraña película de catástrofes».

Foto: Gideon Mendel

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Khairpur Nathan Shah, Pakistán

Ahmed, un residente de Khairpur Nathan Shah (Pakistán) que solo dio su nombre de pila, es retratado en el centro de la ciudad durante las inundaciones de 2010. Las autoridades gubernamentales encargadas de la gestión del desastre las calificaron como las peores de la historia de Pakistán y cifraron el número de afectados directos en 20 millones.

Foto: Gideon Mendel

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Igbogene, Nigeria

Joseph y Endurance Edem, con su hijo Godfreedom y su hija Josephine, posan delante del portalón de su casa de Igbogene, en Nigeria. En 2012 este país africano sufrió las peores inundaciones que se han registrado en medio siglo. «Tenía miedo –confiesa Josephine–. Creía que íbamos a ahogarnos todos.» La catástrofe natural se cobró al menos 360 víctimas mortales.

Foto: Gideon Mendel

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Bayelsa, Nigeria

Aquel mismo año, en el estado de Bayelsa, situado en el sur de Nigeria, Hope y Victor America posaron delante de su casa inundada.

Foto: Gideon Mendel

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Muzaffarpur, Bihar, India

Las aguas de inundación rodean una casa y una escuela en las inmediaciones de Muzaffarpur, en el estado indio de Bihar. La población describe las inundaciones de 2007 como las peores que se recuerdan. Se cerraron escuelas, hubo millones de afectados y más de 1.000 personas perdieron la vida.

Foto: Gideon Mendel

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Los monzones en Tailandia

Entre julio de 2011 y enero de 2012, 65 de las 77 provincias de Thailandia fueron declaradas zona catastrófica. Las inundaciones de origen monzónico que anegaron el hogar de Sakorn Ponsiri cerca de Bangkok «algo tenían que ver con el cambio climático –dice–. Podría repetirse. Tendremos que estar mejor preparados».

Foto: Gideon Mendel

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Marigot, Haití

Marie Miracle Andris, de 75 años, posa delante de su casa en Marigot, en el sudeste de Haití. Su hogar se inundó durante el huracán Gustav, uno de los cuatro huracanes y tormentas tropicales que anegaron la isla durante cuatro semanas de la temporada de huracanes de 2008.

Foto: Gideon Mendel

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Staines-upon-Thames, Inglaterra

Las inundaciones de 2014 «fueron surrealistas», dice Jeff Waters, quien posa con su esposa, Tracy, en el jardín de su casa de Staines-upon-Thames, Inglaterra. El agua quedó a unos milímetros del umbral de la vivienda.

Foto: Gideon Mendel

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Moorland, Inglaterra

Más al oeste, en Moorland, Shirley Armitage corrió peor suerte: la casa, que levantó su padre en 1955, quedó anegada por más de un metro de agua.

Foto: Gideon Mendel

27 de marzo de 2015

Los episodios meteorológicos extremos, a veces ligados al cambio climático, parecen omnipresentes en la actualidad. Y sin embargo no siempre es fácil percibir cómo afectan en la vida de las personas. En 2007 empecé a documentar ese impacto tomando fotografías de dos inundaciones que se produjeron con una separación de apenas unas semanas entre ambas, una en Reino Unido y la otra en la India. El contraste entre las consecuencias de una y otra catástrofe y la vulnerabilidad común que parecía unir a las víctimas me impresionaron.

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Desde entonces he recorrido el mundo visitando zonas inundadas: Haití, Pakistán, Australia, Tailandia, Nigeria, Alemania, Filipinas y de nuevo Reino Unido. En los paisajes anegados, la vida se trastoca de improviso, y la normalidad queda en suspenso.

El meollo de este proyecto son los retratos. Suelo seguir a mis retratados cuando regresan a sus casas vadeando las aguas, y trabajo con ellos para crear una imagen íntima en sus hogares anegados. Aunque su pose sea normal, su entorno está alterado. A menudo están enfadados por la situación o por la respuesta inadecuada de las autoridades. Muchos desean que el mundo entero sepa lo que les ha ocurrido.

Trabajo con cámaras Rolleiflex antiguas. Para mí, la textura de la película tiene una calidad particular, y el proceso de usar una cámara antigua añade un plus de formalidad y solemnidad a la situación. Para muchas culturas el diluvio es una metáfora antiquísima, una fuerza destructiva ante la cual el ser humano se ve impotente. Conforme la meteorología se radicaliza, lo bíblico se transforma en literal.