Desde los bosques de Estonia: idilio con el cárabo uralense

Son fieros, pueden alcanzar una envergadura alar de hasta 1,20 metros y no dudan en atacar con sus garras. Sin embargo, una hembra de esta ave rapaz accedió a convertirse en musa de un fotógrafo.

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carabos01. Strix uralensis

Strix uralensis

Son fieros, pueden alcanzar una envergadura alar de hasta 1,20 metros y no dudan en atacar con sus garras. Sin embargo, una hembra de esta ave rapaz accedió a convertirse en musa de un fotógrafo.

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Foto: Sven Začek

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carabos02. Al cobijo de un tronco

Al cobijo de un tronco

Objetivo favorito del fotógrafo, la hembra de cárabo uralense que aparece en la mayoría de las fotografías de esta galería, encontró una oquedad natural donde ocultar su nido.

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Foto: Sven Začek

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carabos03. Celo territorial

Celo territorial

Parece todo dulzura mientras acicala a su polluelo, pero que nadie se atreva a acercarse al nido. Los cárabos uralenses son animales territoriales y lo demuestran con agresividad. El ornitólogo finlandés Pertti Saurola explica que ha llegado a un «acuerdo» con las hembras de esta especie: «El precio por anillar y medir a un pollo equivale a seis coscorrones».

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Foto: Sven Začek

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carabos04. La cena servida

La cena servida

Un polluelo dormita junto a lo que será su próxima comida: la cola de una presa capturada por sus progenitores.

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Foto: Sven Začek

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carabos05. Cuidados paternales

Cuidados paternales

Un macho (a la derecha) entrega un roedor recién capturado a su pareja, que lo llevará hasta el cercano nido. Durante la época de cría son los machos los que más se ocupan de la caza. Las hembras tratan de no dejar solos a los polluelos, ya que eso los pondría a merced de halcones y otras aves hambrientas.

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Floto: Sven Začek

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carabos06. Siempre a la escucha

Siempre a la escucha

La forma cóncava del rostro ayuda a canalizar el sonido hacia sus oídos, extremadamente sensibles.

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Foto: Sven Začek

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carabos07. Maestros del sigilo en el aire

Maestros del sigilo en el aire

La vista agudísima y el plumaje especializado permiten a estas aves volar en la oscuridad y el silencio más absolutos. «A mí me impresionan», confiesa Začek.

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Foto: Sven Začek

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carabos08. Un cazador nato

Un cazador nato

La nieve puede ocultar a presas como los topillos, pero esa protección es insuficiente si se compara con las ventajas que la naturaleza ha otorgado al cárabo para cazar.

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Foto: Sven Začek

22 de junio de 2012

En un gélido bosque de Estonia, el joven cazador de imágenes acechaba alces con su cámara cuando en su objetivo se cruzó otra criatura que lo estaba observando: una hembra de cárabo uralense. Sven Začek contempló sus ojos de ébano y su rostro en forma de corazón y enmarcado en una delicada orla de plumas. Quedó prendado.

No tardó en regresar al bosque para seguir disparando. Se cerró bien la capucha, por si acaso la reputación del cárabo de ensañarse con la cabeza de los intrusos era justificada. Pero la siguiente hembra que encontró se mostró esquiva, alejándose en igual medida que él se acercaba. Tras dos meses manteniendo un pulso silencioso, el ave se atrevió a lanzarse en picado sobre un ratón ante el objetivo. «Fue el punto de inflexión», relata Začek.

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Con una desinhibición propia de la estrella de un reality, la hembra de cárabo le permitió documentar sus momentos más íntimos durante tres años: largos cortejos, la caza e ingestión de roedores, la cría de polluelos… En 2010 desapareció.

Začek culpa a la explotación maderera de la zona, que tala los árboles podridos donde anidan estas rapaces.

En Europa viven varios cientos de miles de cárabos uralenses, y en Asia septentrional se cuentan por millones. Začek sabe que habrá otras hembras, pero asegura que ninguna podrá reemplazar a su dama perdid