Convivir con leones en África

Cuando humanos y leones chocan, ambos sufren

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MM8218 12-10-19 06774. Yusufu Shabani Difika

Yusufu Shabani Difika

Yusufu Shabani Difika, padre de dos hijos, perdió los brazos a consecuencia del ataque de un león en la Reserva de Caza Selous, en Tanzania. En las tierras adyacentes a la reserva, donde los potamoqueros destrozan los cultivos y los leones a veces atacan a la gente, trabajan campesinos pobres. Aquí, el tío de Difika lo ayuda a bañarse.

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MM8218 12-10-19 08908. Un dilema ético

Un dilema ético

En Sudáfrica se crían miles de leones en cautividad para después soltarlos en áreas valladas y darles caza. Muchas personas, incluidos cazadores, cuestionan la ética de esta práctica.

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MM8218 12-09-29 01949. Cotos de caza

Cotos de caza

Los cazadores de leones cautivos tienen el éxito más asegurado que los cazadores de leones salvajes. Esta leona fue abatida por Steve Sibrel (a la izquierda), practicante de la caza con arco, en una finca de Sudáfrica.

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MM8218 13-02-25 20266. Un negocio diversificado

Un negocio diversificado

Los huesos de los leones cazados legalmente en Sudáfrica se exportan, sobre todo a Asia, para la medicina tradicional. Como solo quedan unos miles de tigres en libertad, la demanda de huesos de león va en aumento. 

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MM8218 12-10-19 08342. Rituales masai

Rituales masai

Las melenas de los leones lanceados por jóvenes guerreros masai se convierten en tocados para un rito de paso en el norte de Tanzania.

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MM8218 12-10-27 12955. Recompensas ilegítimas

Recompensas ilegítimas

Cuando un sukuma del oeste de Tanzania mataba un león para defender el ganado o la aldea, danzaba para pedir un tributo como gratificación. Ahora algunos sukuma matan leones inocentes para pedir la recompensa. 

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MM8218 13-03-04 25154. Reservas cinegéticas

Reservas cinegéticas

La caza de leones es legal en las fincas de cría de animales cinegéticos de Sudáfrica. En la imagen, un empleado lava la piel de una leona bajo el cadaver de esta.

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MM8218 13-03-07 26923. De verdugo a protector

De verdugo a protector

Un innovador y exitoso programa en el sur de Kenya recluta Guardianes de Leones entre los masai. Algunos de ellos mataron leones en el pasado, pero ahora los vigilan para prevenir conflictos con los pastores y el ganado.

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MM8218 12-11-03 18255. I+D+i masai

I+D+i masai

Un joven masai llamado Richard Turere coloca una luz intermitente en un corral cerca del Parque Nacional de Nairobi. Turere inventó este sistema, que utiliza luces solares y una batería de coche, después de observar que los leones se mantenían alejados de los rebaños de su familia cuando se paseaba de noche con una linterna. Sus vecinos le han copiado la idea.

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Cuando humanos y leones chocan, ambos sufren

Los leones son unos animales complicados, criaturas magníficas para observarlas a dis­tancia pero temibles para la población rural obligada a convivir con ellos. Son dueños y señores de la sabana salvaje, pero enemigos de la ganadería e incompatibles con la agricultura. Así pues, no es de extrañar que su estrella haya declinado a medida que avanzaba la civilización humana.

Al menos en tres continentes quedan huellas de los días de gloria de los leones y de su declive. La cueva de Chauvet, en el sur de Francia, está repleta de vívidas pinturas de la fauna del paleolítico que prueban que los leones convivían con los humanos en Europa hace 30.000 años. Según el Libro de Daniel, había leones acechando en las afueras de Babilonia en el siglo VI a.C., y está documentada su presencia en Siria, Turquía, Iraq e Irán hasta los siglos XIX y XX. Durante este largo declive, únicamente África ha seguido siendo para ellos un lugar seguro, su bastión.

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Pero eso también ha cambiado. Los nuevos estudios y estimaciones indican que el león ha desaparecido del 80 % de su área de distribución africana. Nadie sabe cuántos sobreviven hoy en África (¿unos 35.000 quizá?), porque no es fácil hacer un recuento de los ejemplares en el medio natural. Aun así, los expertos coinciden en que el número total ha caído significativamente en los últimos decenios. Las causas son muchas: pérdida y fragmentación del hábitat; caza furtiva de sus presas; trampas para cazar otras especies; desplazamiento de sus presas habituales como consecuencia de la expansión de la ganadería; enfermedades; lanceamiento o envenenamiento como represalia por las pérdidas de animales domésticos o por los ataques contra humanos; matanzas rituales (sobre todo dentro de la tradi­ción masai), y caza deportiva insostenible, practicada especialmente por estadounidenses ricos.

Los últimos estudios efectuados por científicos de Panthera (un grupo internacional para la conservación de los felinos), la Universidad Duke, la Big Cats Initiative de National Geographic Society y otras instituciones indican que los leones africanos viven en unas 70 áreas distintas (véase mapa, páginas 44-45), de las cuales las más extensas y seguras pueden considerarse bastiones. Pero las más pequeñas albergan po­­bla­­ciones escasas, aisladas, genéticamente limitadas e inviables a largo plazo. En otras palabras, los leo­­nes africanos habitan un archipiélago de re­fugios insulares, y varias de esas poblaciones ais­ladas podrían extinguirse en un futuro próximo.

Los nuevos estudios y estimaciones indican que el león ha desaparecido del 80 % de su área de distribución africana

¿Qué se puede hacer para detener las pérdidas e invertir la tendencia? Algunos expertos aconsejan concentrar los esfuerzos en los bastiones, como los ecosistemas del Serengeti (entre Tanzania y Kenya), el Selous (en el sudeste de Tanzania), el Ruaha-Rungwa (en el oeste de Tanzania), el Okavango-Hwange (desde Botswana hasta Zimbabwe) y el Gran Limpopo (en el territorio fronterizo entre Mozambique, Zimbabwe y Su­­dáfrica, incluido el Parque Nacional Kruger). Solo en esos cinco ecosistemas vive alrededor de la mitad de los leones de África, y todos ellos albergan una población genéticamente viable. Craig Packer ha propuesto una medida drástica para proteger mejor algunos bastiones: vallarlos, si no del todo, al menos en parte. En su opinión, invertir los fondos destinados a la conservación en postes y alambradas, así como en unos servicios de vigilancia y mantenimiento adecuados, sería la manera más eficaz de reducir el acceso ilegal de pastores con su ganado y de cazadores furtivos a las áreas protegidas, e impediría además que los leones hicieran incursiones fuera de esas áreas.

Otros expertos discrepan. De hecho, el concepto del vallado contradice abiertamente los últimos 30 años de teoría de la conservación, que han subrayado la importancia de la conexión entre las bolsas de hábitat. Packer lo sabe, y tampoco él pondría una valla en ninguna ruta im­­portante de dispersión o migración de la fauna. Pero consideremos, por ejemplo, la frontera occidental del ecosistema del Serengeti, donde la Reserva de Caza Maswa, con sus bosques de acacias y sus sabanas, limita con las tierras agrícolas de los sukuma (campos de algodón, maizales, arrozales y vacas en sus corrales). Según Packer, una valla entre ambas áreas posiblemente tendría un efecto positivo. Tal vez sea un caso especial, pero ha bastado para iniciar un debate.

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África se queda sin leones

África se queda sin leones

La caza deportiva también es un tema controvertido. ¿Contribuye al declive de las poblaciones por la práctica excesiva e irresponsable? ¿O es eficaz para sacar provecho económico de los leones y aportar así ingresos a las economías locales y nacionales, lo que a su vez constituye un incentivo para la protección del hábitat y la gestión sostenible a largo plazo? La respuesta depende de las particularidades del lugar, de los leones objeto de la caza (machos viejos o jóvenes) y de la honestidad de las agencias de caza y de las autoridades nacionales de protección de la fauna. Ciertamente, hay abusos: países en los que hay casos de corrupción en la concesión de permisos de caza; situaciones en las que los ingresos de la caza apenas llegan –o no llegan– a las comunidades locales, que son las que pagan el precio real de vivir entre leones, y concesiones de caza donde se matan demasiados leones. Pero en lugares como la Reserva de Caza Maswa, gestionada con escrupulosa seriedad en colaboración con el Fondo de Conservación Friedkin, una organización más preocupada por la protección del hábitat que por los ingresos, los efectos de una prohibición de la caza serían nefastos.

Por otra parte, la caza de leones criados en cautividad y soltados en recintos vallados de fincas privadas donde los esperan los cazadores, una práctica muy extendida en Sudáfrica, plantea unos interrogantes completamente distintos. Hace pocos años había en ese país 174 fincas de cría de leones, con más de 3.500 animales en total. Los defensores de esta actividad sostienen que puede contribuir a la conservación, porque alivia la presión ejercida por la caza deportiva sobre las poblaciones salvajes y mantiene una diversi­dad genética que quizá se necesite más adelante. Otros temen que socave las bases económicas de la gestión de leones en países como Tanzania, al ofrecer maneras más sencillas y baratas de colgar una cabeza de león en el salón de casa.

La conservación de los leones es un asunto complejo que debe traspasar las fronteras nacionales

El otro problema es qué sucede con el resto del cuerpo del león. La exportación de huesos de león de Sudáfrica a Asia, donde se venden como una alternativa de los de tigre, puede iniciar una peligrosa tendencia de aumento de la demanda.

En resumen, la conservación de los leones es un asunto complejo que debe traspasar las fronteras nacionales y los océanos y abarcar todas las disciplinas académicas para hacer frente a un mercado global que sueña con la vida salvaje.

Pero la conservación empieza en casa, entre personas para quienes la salvaje presencia de un león, sublime y aterradora, no es ningún sueño. Entre esas personas están los masai, que viven en fincas ganaderas grupales colindando con el Parque Nacional Amboseli, en las llanuras cu­­biertas de arbustos espinosos del sur de Kenya. Desde 2007 un programa llamado Guardianes de Leones recluta guerreros masai (hombres jóvenes para quienes la matanza de leones forma parte de un tradicional rito de paso conocido como olamayio) y los convierte en protectores de los felinos a cambio de un salario. Estos jóvenes masai, con conocimientos de telemetría y del uso del GPS, vigilan diariamente a los leones e impiden que ataquen al ganado. El programa, reducido pero ingenioso, parece tener éxito. La matanza de leones ha disminuido, y el papel que desempeñan los Guardianes goza de prestigio dentro de esas comunidades.

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Leones del Serengeti

Leones del Serengeti

Hace poco pasé un día con un Guardián de Leones llamado Kamunu, un hombre serio y sereno de unos 30 años. Lucía collar y pendientes de cuentas y vestía un shuka rojo. A un lado del cinturón llevaba una daga masai, y al otro, un teléfono móvil. Me dijo que había matado cinco leones para el olamayio, pero que no pensaba matar ninguno más. Había aprendido que los leones pueden ser más valiosos vivos, por los ingresos del turismo, los salarios de los Guardianes y la comida y educación que un hombre puede comprar a su familia con ese dinero.

A un lado del cinturón llevaba una daga masai, y al otro, un teléfono móvil

Aquel caluroso día hicimos un largo recorrido entre acacias y a través del cauce seco de un río. Kamunu buscaba el rastro de leones en el suelo. Yo iba tras él. Entre idas y venidas, anduvimos unos 25 kilómetros. Por la mañana seguimos la pista de un adulto solitario, que Kamunu definió como un macho problemático. Cuando nos encontramos con una larga hilera de vacas que unos jóvenes pastores conducían al abrevadero, Kamunu les advirtió de la presencia del león.

A mediodía descubrió un rastro diferente, muy fresco, dejado por una hembra con dos cachorros. Bajo un arbusto vimos su lecho de hierba aplastada. Seguimos su sinuosa ruta hasta un bosquecillo de árboles de la mirra, que se hacía más espeso a medida que avanzábamos. Kamunu se movía silenciosamente. Al rato nos detuvimos. Yo solo veía vegetación y polvo.

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«Están muy cerca –me explicó Kamunu–. Es un buen sitio para ellos. No hay ganado en los alrededores. Será mejor que no nos acerquemos más. No queremos molestarlos.» «No, desde luego que no», convine yo.

«Creemos que aquí están seguros», me dijo. Es más de lo que puede decirse de muchos leones africanos, pero en ese momento, y en ese lugar, me pareció suficiente.