Camaleones a todo color

Se comunican cambiando de color, cazan sacando la lengua a la velocidad del rayo y viven en algunos de los hábitats más amenazados del planeta.

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MM8272 141129 52951. Calumma

Calumma

Un insecto es víctima de un hambriento camaleón del género Calumma, cuya vista, excepcionalmente aguda, le permite proyectar su larga lengua con una precisión milimétrica.

Foto: Christian Ziegler

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MM8272 141204 62743. Brookesia micra

Brookesia micra

Brookesia micra es el camaleón más pequeño del mundo.

Foto: Christian Ziegler

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MM8272 141130 56038. Camaleón pantera

Camaleón pantera

Cuanto mejor se camufle en su entorno, más a salvo estará de sus depredadores este joven ejemplar de camaleón pantera. La especie es nativa de Madagascar y del continente africano.

Foto: Christian Ziegler

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MM8272 141120 39161. Camaleones malgaches

Camaleones malgaches

Los camaleones malgaches pueden ser tan diminutos como Brookesia micra (que no llega a los tres centímetros de largo) o tan grandes como el camaleón gigante de Madagascar (de casi 70 centímetros de largo), que en esta fotografía pasa frente a unos baobabs.

Foto: Christian Ziegler

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MM8272 141128 50290. Juegos de luces

Juegos de luces

«Donde hay luz cambia el camaleón», escribió Percy Bysshe Shelley. El poeta no incurría en error científico alguno: el variado cromatismo de estos camaleones pantera se debe a los cristales fotorreflectantes de sus células cutáneas.

Foto: Christian Ziegler

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MM8272 141126 47078. Brookesia decaryi

Brookesia decaryi

Dos ejemplares de Brookesia decaryi apenas se distinguen de un montón de hojas.

Foto: Christian Ziegler

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MM8272 141113 27732. Parque Nacional Ranomafana

Parque Nacional Ranomafana

No lejos del Parque Nacional Ranomafana, una reserva forestal del sudeste de Madagascar, los lugareños han talado buena parte de la ladera de una colina para ganar terreno agrícola. La escasez de árboles se traduce en falta de refugios para muchas especies de camaleones que viven en los bosques.

Foto: Christian Ziegler

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MM8272 141119 33886. Camaleón de Labord

Camaleón de Labord

El ciclo vital del camaleón de Labord es de aproximadamente un año. En cautividad, algunas especies llegan a vivir diez o doce años, pero en su entorno natural ese tiempo se reduce a menos de la mitad.

Foto: Christian Ziegler

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MM8272 141110 15160. Camaleón de nariz larga.

Camaleón de nariz larga.

Una protuberancia nasal –elemento de identificación para los individuos de especies parecidas y eventual arma de combate– adorna el hocico de un camaleón de nariz larga.

Foto: Christian Ziegler

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MM8272 141109 11724. Camaleón de dosel

Camaleón de dosel

Un camaleón de dosel se aferra a un racimo de flores.

Foto: Christian Ziegler

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MM8272 141113 20266. Camaleón de O’Shaughnessy

Camaleón de O’Shaughnessy

Un camaleón de O’Shaughnessy duerme asido a una rama.

Foto: Christian Ziegler

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MM8272 141111 20610.  Camaleón de Parson

Camaleón de Parson

El camaleón de Parson es una de las especies de camaleones más grandes del mundo.

Foto: Christian Ziegler

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MM8272 141111 20714. Avisos cromáticos

Avisos cromáticos

En la mayoría de las especies de camaleones los machos exhiben un mayor colorido que las hembras. Pero en el caso del camaleón menor los machos presentan unos tonos herrumbrosos, marrones y negros, mientras que las hembras (en la imagen) son verdes a menos que estén cargadas de huevos, momento en que sus tonos vivos advierten a posibles pretendientes que no deben acercarse.

Foto: Christian Ziegler

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MM8272 141111 20530. Camuflaje de combate

Camuflaje de combate

Tras disputarse una hembra, el macho de camaleón pantera victorioso sigue exhibiendo sus colores de combate, mientras que el derrotado ha adoptado el tono oscuro de la sumisión.

Foto: Christian Ziegler

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MM8272 141111 16589. Duelo de color

Duelo de color

Dos ejemplares machos de camaleón pantera exhiben sus colores de intimidación. Si ninguno de los dos se retira, el siguiente paso de la confrontación serán los bufidos, los embates y los mordiscos.

Foto: Christian Ziegler

12 de octubre de 2015

Camaleones, el lenguaje del color

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Camaleones, el lenguaje del color

Por su larga lista de insólitos rasgos anatómicos, el camaleón apenas tiene rival. Una lengua mucho más larga que su propio cuerpo y que se extiende en una décima de segundo para capturar insectos. Ojos de visión telescópica que giran independientemente. Pies con dedos fusionados formando pinzas que parecen manoplas. Cuernos en la frente y en el hocico. Nudosos adornos nasales. Un pliegue de piel en torno al cuello que recuerda a la gorguera de Margarita de Austria.

De todas sus singularidades corporales, el camaleón destaca por una en la que ya se fijó Aristóteles: su piel cambia de color. Es un mito que los camaleones adoptan el color del fondo sobre el que se encuentran. Aunque eso puede ayudarles a camuflarse en el entorno, el tono cambiante de la piel es en realidad una reacción fisiológica cuya finalidad es primordialmente comunicativa. El reptil utiliza un idioma cromático para expresarse sobre las cosas que le afectan: cortejo, competencia, estrés ambiental.

Al menos eso se cree hoy. «Los camaleones llaman la atención desde hace siglos, pero siguen estando rodeados de misterio –dice Christopher Anderson, de la Universidad Brown–. Todavía estamos intentando dilucidar cómo funcionan sus mecanismos», desde la proyección explosiva de la lengua hasta los procesos físicos que determinan los cambios cromáticos de su piel.


Una especie en peligro

En los últimos tiempos la ciencia ha hecho descubrimientos importantes sobre la fisiología del camaleón mediante la observación de estos animales en cautividad. Su futuro en el medio natural, en cambio, pende de un hilo.

Cuando el pasado mes de noviembre la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) publicó una nueva valoración del estatus de los camaleones, asignó al menos la mitad de las especies a las categorías amenazada o casi amenazada de la Lista Roja. Anderson per­tenece al Grupo Especialista en Camaleones de la UICN, al igual que Krystal Tolley, becaria de National Geographic cuyas expediciones en el sur de África han documentado especies nuevas de este reptil y el retroceso de sus hábitats.

Más del 20 % de las especies conocidas se han identificado en los últimos 15 años

En afrikaans, dice Tolley, los camaleones tienen dos nombres comunes: verkleurmannetjies, que significa «hombrecillos coloridos», y trapsuutjies, que se traduce como «pisa con cuidado», aludiendo al paso lento y curioso de estos reptiles y que también podría interpretarse como un llamamiento a su conservación.

En torno al 40 % de las más de 200 especies de camaleón que conocemos viven en la isla de Madagascar. El resto habita en su mayoría en el continente africano. Los análisis de ADN han demostrado que algunos camaleones de aspecto casi idéntico en realidad son genéticamente distintos. Más del 20 % de las especies conocidas se han identificado en los últimos 15 años.

Los camaleones «siempre han intrigado a los naturalistas», dice Anderson. Como solían morir en el viaje de Madagascar o el continente africano a los laboratorios occidentales, los primeros herpetólogos tenían que conformarse con especular sobre las funciones de los ejemplares vivos.


El lenguaje cromático de los camaleones

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Anderson estudia la alimentación de estos reptiles con un grado de detalle extremo. Usando una cámara que capta 3.000 fotogramas por segundo, ha convertido los 0,56 segundos que tarda un camaleón en comerse un grillo en un vídeo de 28 segundos sobre mecánica proyectiva.

Escondido en la bolsa gular del reptil hay un hueso hioides rodeado de vainas de colágeno elástico dentro de un músculo acelerador tubular. Cuando el camaleón ve un insecto, saca la lengua lentamente de la boca y de repente el músculo se contrae y ciñe las vainas, las cuales, como im­­pulsadas por un resorte, disparan la lengua, con el hioides en su interior, a modo de flecha. Por su morfología, la punta de la lengua funciona como una ventosa húmeda que atrapa la presa. La lengua se retrae; la cena está servida.

Los científicos todavía tienen mucho que aprender sobre la proyección lingual, explica Anderson. Su investigación sugiere que en algunos casos la lengua se proyecta más lejos y más rápido de lo que se creía.

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También ha evolucionado la comprensión del colorido de los camaleones. A principios de este año se dio un paso de gigante con la publicación de las investigaciones de Michel Milinkovitch. Durante mucho tiempo se creyó que estos reptiles cambiaban de color cuando los pigmentos de las células cutáneas se dispersaban por extensiones celulares parecidas a venas. Milinkovitch, especialista en genética evolutiva y biofísica, explica que la teoría no era convincente porque existen muchos camaleones verdes, pero ni rastro de pigmentos verdes en sus células cutáneas.

Milinkovitch y sus colegas de la Universidad de Ginebra empezaron pues a «combinar la física y la biología», explica. Bajo una capa de células cutáneas pigmentarias hallaron otro estrato de células dérmicas que contienen nanocristales dispuestos en una retícula triangular.

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Exponiendo muestras de piel de camaleón a presiones y sustancias químicas diferentes, los investigadores descubrieron que esos cristales pueden «ajustarse» de tal modo que se modifique el espacio que queda entre ellos. Ese ajuste, a su vez, afecta el color de la luz que refleja la retícula cristalina. A medida que aumenta el es­­paciado de los cristales, los colores reflejados varían del azul al verde, amarillo, naranja y, por último, al rojo, un espectáculo caleidoscópico común entre algunos camaleones pantera cuando pasan de estar relajados a agitados o excitados.

Criadores de camaleones

Un estudio de 2014 concluía que los camaleones han desarrollado la capacidad de expresar sumisión adoptando tonos anodinos

A los siete años de edad Nick Henn tuvo su primer camaleón. Veinte años después este aficionado y criador tiene hasta 200 ejemplares en el sótano de su negocio en Reading, Pennsylvania.

Las jaulas de malla dispuestas en hilera tienen plantas para que los camaleones trepen, y suelos arenosos para que la hembras pongan los huevos. Las luces y los humidificadores reproducen los climas de los lugares nativos de estos reptiles. Para que no se incordien los unos a los otros, Henn coloca a las hembras donde no puedan ver a los machos y a los machos donde no puedan ver a las hembras... ni a sus rivales.

Ember es un joven macho de camaleón pantera rojo, una variedad nativa del distrito de Ambilobe, en el norte de Madagascar. Su tronco muestra franjas rojas y verdes, además de una banda aguamarina en cada lado. Cuando Henn abre la jaula y lo incita a subirse a un palo, Ember «se pone de mal humor»; el criador lo sabe porque las franjas rojas se tornan más encarnadas.

Henn lo lleva sobre el palo hasta la jaula de Bolt, un macho adulto de camaleón pantera azul y el reptil más grande de la colección. Cuando Henn abre la puerta y Bolt ve a Ember, la respuesta es inmediata. Para cuando Bolt ha avanzado unos pocos centímetros, sus bandas verdes han pasado a lucir un amarillo intenso, y las cuencas oculares, el cuello y la cresta espinosa han cambiado de verde a naranja rojizo. Ember se vuelve más rojo, pero si hemos de calificar la exhibición cromática, Bolt le gana por goleada. Por si fuese poco, cuando Bolt se acerca y abre la boca, revela unas encías de vivo color amarillo.

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Henn retrocede y devuelve a Ember a su jaula. De no hacerlo, explica, Bolt quizás habría intentado embestir o morder a Ember, cuya piel a buen seguro se habría vuelto marrón, el color de la rendición. Un estudio de 2014 concluía que los camaleones han desarrollado la capacidad de expresar sumisión adoptando tonos anodinos porque «su estilo de vida parsimonioso restringe en gran manera sus posibilidades de huir con rapidez y eficacia de los individuos dominantes».

Aunque todos los camaleones cambian de color, en algunas especies la transformación es modesta y no asusta a los espectadores. Sin em­­bargo, prácticamente todos los camaleones disponen de otra técnica de intimidación física: aparentar más tamaño del que realmente tienen. Reducen la anchura y aumentan la altura de su cuerpo desplegando las costillas articuladas en forma de V para elevar la espina dorsal. También simulan un mayor tamaño enroscando la cola y expandiendo la garganta con su aparato lingual. Al colocarse de perfil ante el enemigo, aparenta ser bastante más grande de lo que es.

En las jaulas de las hembras, una camaleona llamada Katy Perry –de color rosa salmón, señal de que está lista para aparearse– es vecina de otra llamada Peanut, rosa con bandas oscuras porque ya se ha apareado y está cargada de huevos.

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Si un macho se acercase a Katy y la impresionase con sus colores de cortejo y su danza de cabeceos y oscilaciones, quizás ella accediese a la monta. Si el mismo macho se acercase a Peanut, esta se volvería mucho más oscura, con manchas vivas, y abriría la boca, amenazadora. Si insistiese, lo ahuyentaría con un bufido o intentaría morderlo.

Tanto hembras como machos son polígamos. La mayoría de las especies son ovíparas, aunque algunas paren sus crías en bolsas transparentes, semejantes a capullos. Los camaleones no cuidan a sus crías; estas son independientes desde el momento en que nacen o eclosionan.

La lista de la UICN incluye nueve especies en peligro crítico, 37 en peligro, 20 vulnerables y 35 casi amenazadas

Para no acabar en el pico de un ave o en las fau­­ces de una serpiente, los camaleones han desarrollado innovadoras formas de ocultarse. La mayoría de las especies son arborícolas, y cuando estrechan el cuerpo son tan finas que pueden esconderse detrás de una rama. Algunos camaleones que viven en el suelo «se hacen la hoja» cuando ven un depredador, dice Tolley: se contor­sionan de modo que su cuerpo parece una hoja arrugada de las que tapizan el suelo del bosque.

Los camaleones pueden esquivar amenazas como esas, pero no la agricultura de roza y quema que destruye su hábitat. La lista de la UICN incluye nueve especies en peligro crítico, 37 en peligro, 20 vulnerables y 35 casi amenazadas.

Desde 2006 Tolley y su equipo han identificado 11 nuevas especies de camaleón en Sudáfrica, Mozambique, Tanzania y la República Democrática del Congo. Tolley, que trabaja para el Instituto Nacional Sudafricano para la Biodiversidad, lleva estudiando a estos reptiles desde 2001. Cuando un estudio genético confirma que un camaleón pertenece a una especie nueva, «sientes que estás consiguiendo algo, sumando un logro que permanecerá» afirma la científica. Pero enseguida añade: «Al mismo tiempo que pensaba que eso era estupendo, no dejaba de imaginarme a los pequeños camaleones aferrados a las ramas mientras talan el bosque».

Al describirlo se le quiebra la voz. «No podía dejar de pensar que ojalá no los hubiésemos encontrado nunca –dice–, porque si las cosas no cambian, pronto se extinguirán.»