Colores verdaderos: bajo el hielo de Groenlandia

Mientras Groenlandia recupera el clima cálido que permitió a los vikingos colonizar la isla en la Edad Media, su población, aislada y dependiente del exterior, sueña con prados más verdes, y con el petróleo, accesible bajo un mar libre de hielo.

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groenlandia01. Fiordo Tasermiut

Fiordo Tasermiut

Una tormenta de septiembre oscurece el fiordo Tasermiut.

Peter Essick

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groenlandia02. Qaqortoq

Qaqortoq

En una «calurosa» tarde de verano en Qaqortoq, un pueblo de 3.500 habitantes del sur de Groenlandia, el depósito que recoge el agua de fusión se convierte en piscina. Esta agua puede estar como máximo a unos 10 °C de temperatura.

Peter Essick

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groenlandia03. Qassiarsuk

Qassiarsuk

Procedente de Islandia, Erik el Rojo adoró hasta el final de sus días a los dioses nórdicos, pero en Qassiarsuk, localidad groenlandesa donde tenía su granja, hay una réplica de la iglesia de madera que construyó para su mujer, convertida al cristianismo.

Peter Essick

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groenlandia05. A las afueras de Nuuk

A las afueras de Nuuk

Con un martillo de Tor al cuello como amuleto, Sten Pedersen recoge coles, un cultivo nuevo en Groenlandia. Las enviará a un restaurante de la cercana Nuuk, la capital. El borde del casquete de hielo se encuentra apenas a 20 kilómetros de distancia.

Peter Essick

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groenlandia06. Pastoreo en el hielo

Pastoreo en el hielo

Un pastor reúne su rebaño cerca de Qassiarsuk, donde Erik el Rojo criaba ovejas. Groenlandia gasta casi un millón y medio de euros al año para subvencionar sus 50 granjas de ganado ovino, que importan gran parte del forraje necesario para sus animales.

Peter Essick

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groenlandia07. Menos hielo, más pasto

Menos hielo, más pasto

La siega del heno en Groenlandia evoca el lado amable del calentamiento global, que quizá permita a Aviaja Lennert y a su familia producir suficiente hierba para sus 700 ovejas.

Peter Essick

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groenlandia08. Tradiciones vivas

Tradiciones vivas

Un chico inuit de un hogar de acogida de Nuuk aprende a cazar con un monitor; aquí, han abatido un reno. La mayoría de los groenlandeses practican la caza, y la pesca es con diferencia la principal actividad económica.

Peter Essick

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groenlandia09. Bacalao del Norte

Bacalao del Norte

Los trabajadores de la planta de Royal Greenland de la capital preparan el bacalao, entero y congelado, para la exportación.

Peter Essick

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groenlandia10. Agricultura de substistencia

Agricultura de substistencia

Un frío día de agosto, descendientes de cazadores inuit recogen patatas junto a uno de los fiordos donde se establecieron los vikingos. Pese al modesto aumento de la producción agrícola, Groenlandia sigue importando casi todos los productos del campo.

Peter Essick

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groenlandia11. Narsaq

Narsaq

La lluvia difumina el paisaje en Narsaq, donde el misterioso declive del camarón ha obligado a cerrar una planta procesadora y ha dejado a decenas de habitantes ante un futuro incierto.

Peter Essick

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groenlandia12. Las presas escasean

Las presas escasean

Karl Ottosen, cazador profesional, apunta a una foca desde su embarcación, junto a la costa del sur de Groenlandia. Es más fácil cobrar ese tipo de presas sobre el hielo marino, como siempre han hecho los cazadores durante el largo invierno boreal. El aumento de las temperaturas amenaza la subsistencia de cazadores como Ottosen.

Peter Essick

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groenlandia13. Nuuk

Nuuk

El sol de agosto ilumina un partido de fútbol vespertino en Nuuk, la capital de Groenlandia, donde vive la cuarta parte de los groenlandeses. Al fondo se ve un ejemplo de los monótonos bloques de viviendas construidos por el Estado en los años cincuenta y sesenta. Allí residen muchos de los 15.500 habitantes de la ciudad.

Peter Essick

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groenlandia14. Isortoq

Isortoq

La última luz de la tarde reverbera sobre el hielo cerca de Isortoq. El casquete de hielo ocupa cuatro quintas partes de la isla y contiene casi el 7 % del agua dulce del mundo, pero está perdiendo alrededor de 200 kilómetros cúbicos de volumen al año.

Peter Essick

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groenlandia15. Plato estrella

Plato estrella

La cabeza de oveja es un manjar apreciado en Groenlandia. Este matadero de Narsaq, en el sur, sacrifica alrededor de 22.000 animales al año.

Peter Essick

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groenlandia16. Tiempo libre

Tiempo libre

Las cervezas de toda una mañana y toda una tarde aflojan la risa de Malakias Isaksen (a la izquierda) y Karlous Isak Gabriel Hansen, en la casa que Isaksen tiene en Tasiusaq. Los dos hombres trabajan sólo esporádicamente. Hay pocos puestos de trabajo en Groenlandia, cuya economía depende en gran medida de los subsidios de Dinamarca.

Peter Essick

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groenlandia17. El fiordo Tasermiut

El fiordo Tasermiut

El agua del deshielo de los glaciares fluye hacia el fiordo Tasermiut, en el sur de Groenlandia, una tarde de finales de septiembre. Las paredes de granito, de 1.200 metros de altura, atraen a escaladores de categoría mundial.

Peter Essick

Mientras Groenlandia recupera el clima cálido que permitió a los vikingos colonizar la isla en la Edad Media, su población, aislada y dependiente del exterior, sueña con prados más verdes, y con el petróleo, accesible bajo un mar libre de hielo.

A primera vista, Groenlandia es una extensión de un blanco cegador. Pero mientras mi helicóptero sobrevuela la isla, reparo en los colores.

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La patrulla del frío: Groenlandia en trineo

La patrulla del frío: Groenlandia en trineo

A lo largo de kilómetros y kilómetros, franjas azules de agua de fusión orlan el manto de hielo. Los campos blancos están surcados de ríos, grabados con grietas y salpicados de lagos. También hay hielo que no parece blanco ni azul sino pardo e incluso negro, oscurecido por una sustancia llamada crioconita. Esa arenilla de aspecto fangoso es un importante objeto de investigación para mis cuatro compañeros: el fotógrafo James Balog, su ayudante Adam LeWinter, el geofísico Marco Tedesco y el estudiante de doctorado Nick Steiner, ambos del City College de Nueva York.

Balog fotografía el hielo, y la ausencia del mismo. En 2006 fundó el Extreme Ice Survey (EIS) «para crear una memoria de las cosas que están desapareciendo», según dice. El EIS ha puesto sobre el terreno más de 35 cámaras alimentadas con energía solar y a prueba de ventiscas, para grabar a cámara rápida los glaciares de Alaska, Montana, Islandia y Groenlandia. Todas ellas captan imágenes día tras día. Programadas para tomar entre 4.000 y 12.000 fotogramas al año, registran constantemente las condiciones a su alrededor, como «ojos sustitutos que observan el mundo por nosotros», dice Balog.

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Groenlandia, la isla de hielo

Groenlandia, la isla de hielo

Acampamos en el interior, a 70 kilómetros de Ilulissat, un pueblo de la costa occidental, en una porción de la zona de ablación (o zona de fusión) de Groenlandia donde la pérdida de las capas superiores del casquete de hielo deja al descubierto lo que se conoce como hielo azul. Se trata de hielo antiguo, comprimido hasta tal punto que la mayor parte de las burbujas de aire (que normalmente refractan la luz y confieren al hielo una apariencia blanca o lechosa) han sido expulsadas. Con menos burbujas, el hielo absorbe la luz del extremo rojo del espectro y refleja el azul. Pero según incida la luz solar, el hielo azul también puede parecer blanco, como de hecho sucede en muchos puntos a nuestro alrededor.

El campamento está a orillas de un extenso lago de agua de fusión. Tedesco y Steiner estudian su profundidad; quieren comparar su información con los datos obtenidos por satélite de los lagos supraglaciares de Groenlandia. Para ello lanzan cada día un barco cebador con radio control, sonar, espectrómetro controlado por ordenador, GPS, termómetro y cámara subacuática.

Los lagos de fusión de Groenlandia son propensos a secarse rápida e inesperadamente (de ahí que Tedesco emplee un barco teledirigido). Una vez Balog vio como un lago se drenaba de un día para otro; se abrió un molino glaciar -un pozo vertical en el hielo-, que se tragó todo el lago. En 2006, un equipo dirigido por glaciólogos de la Woods Hole Oceanographic Institution y de la Universidad de Washington documentó la desecación de un lago supraglaciar de cinco kilómetros cuadrados: más de 40 millones de metros cúbicos de agua desaparecieron, tragados por un molino glaciar, en 84 minutos, más deprisa que las cataratas del Niágara.

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Osos polares en peligro: sobre el frágil hielo

Osos polares en peligro: sobre el frágil hielo

El lago de fusión que estudia Tedesco tiene un río emisario que seguramente conduce hasta un molino, y LeWinter y yo decidimos encontrarlo. Equipados con piolets, tornillos de hielo y cuerdas, nos ponemos en marcha. No hemos andado ni medio kilómetro cuando vemos los primeros agujeros en el hielo. Al principio podemos sortearlos, pero más adelante están tan juntos que casi se tocan, y tenemos que saltarlos pisando los bordes, afilados como cuchillos.

Probamos, con éxito, una ruta alternativa y logramos recorrer varios kilómetros. No hallamos el molino, pero hacemos una observación interesante: los agujeros de agua que saltamos antes eran circulares y separados; apenas medio día después, la fusión los ha conectado mediante riachuelos cuyas aguas fluyen a gran velocidad.

Esa noche, en el campamento, nos enteramos de que Tedesco y Steiner han confirmado que el fondo del lago de fusión está cubierto por una capa discontinua de crioconita.

La crioconita se forma con sedimentos que el viento transporta y dispersa sobre el hielo. Se compone de polvo mineral procedente de lugares tan lejanos como los desiertos de Asia Central, y de partículas de erupciones volcánicas y de hollín. El hollín proviene de incendios naturales y provocados, de la combustión de motores diésel y de las centrales eléctricas de carbón. La crioconita no es un fenómeno nuevo. El explorador ártico Nils A. E. Nordenskiöld descubrió y bautizó el fino barro marrón durante su visita al casquete de hielo de Groenlandia, en 1870. Pero la actividad humana ha aumentado la proporción de hollín negro en la crioconita desde la época de Nordenskiöld, y el calentamiento global le ha dado una nueva importancia.

Carl Egede Bøggild, geofísico groenlandés, estudia el manto de hielo desde hace 28 años. En los últimos tiempos se ha centrado sobre todo en la crioconita. «Aunque se compone de menos de un 5 % de hollín –dice–, es lo que le da el color negro.» La oscuridad disminuye el albedo, o reflectividad, del hielo, lo que aumenta la absorción de calor, cuya acción acelera la fusión.

La nieve que cada año cae sobre el casquete de hielo también trae consigo un poco de crioconita. A medida que la acumulación de nieve anual se endurece, el polvo queda atrapado en su interior. Cuando los veranos son particularmente calurosos, como los de los últimos años, se funden varios estratos de hielo que liberan una cantidad adicional de crioconita atrapada, lo que crea una capa más concentrada y oscura de la sustancia en la superficie. «Estamos ante un círculo vicioso que no deja de acelerarse –afirma Bøggild–. Es como tender una cortina negra sobre el hielo.»

Incluso durante nuestra breve expedición, pa­­rece como si pudiéramos presenciar ese efecto. En apenas una semana, la fusión del hielo ha convertido nuestro campamento en un cenagal. A lo lejos, el lago de fusión se ha escurrido por el molino que estábamos buscando. Las cámaras de Balog lo han captado todo. «Están registrando el palpitar del corazón del planeta», dice él.

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Paisajes de Groenlandia

Paisajes de Groenlandia

Antes de que la expedición se marche de este lugar, Balog me convence para descender por el molino que se abre junto al campamento, uno de los más grandes que ha descubierto el equipo del EIS en sus 11 expediciones a Groenlandia. Es tan grande que podría tragarse un tren de mercancías. Aun así, no puedo resistirme a la tentación de descender en rápel a las fauces de ese abismo que Balog llama «la bestia».

Bajo por las cuerdas cubiertas de escarcha. Treinta metros más abajo, unas paredes de hielo azul me rodean, y estoy empapado por la ne­­blina helada que desprende la cascada. Arriba, el cielo azul del Ártico aparece enmarcado por carámbanos tan altos como edificios de tres pisos. Abajo, la estruendosa cascada que abrió este pozo se pierde en el abismo.

Los científicos han lanzado patitos de goma de color amarillo, esferas con sensores y grandes cantidades de tinta (una tinta fluorescente e inocua) al interior de los molinos, con la esperanza de seguir su trayectoria y averiguar en qué punto de la costa de Groenlandia desaguan estos sumideros. Algunas esferas y parte de la tinta se han localizado; los patitos han desaparecido. Me tienta la idea de bajar un poco más y seguir in­­vestigando, pero recapacito. Tras 20 minutos colgado de la cuerda, subo al exterior.