Entrevista a Jane Goodall

Álbum familiar de Gombe

En su 80 cumpleaños, Jane Goodall reflexiona sobre su carrera profesional, cuyo objetivo ha sido llegar a conocer en profundidad a unos chimpancés inolvidables.

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G12-6717. Álbum familiar de Gombe

Álbum familiar de Gombe

Frodo, a los 36 años (1976-2013), su descendencia incluye a Zeus, Titán y Tarzán

Macho alfa típico, Frodo dominaba a base de tamaño, fuerza y agresividad. Intimidaba a chimpancés y a humanos; una vez aporreó a Jane. Destronado tras un lustro en el poder, Frodo se hizo más afable cuando dejó de ser líder. Murió el año pasado a consecuencia de una herida infectada.

Foto: Anup Shah y Fiona Rogers

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G13-4886 cropped. Álbum familiar de Gombe

Álbum familiar de Gombe

Samwise, hembra, 13 años, engendrada por Frodo, hija de Sandi

Al igual que varios chimpancés de Gombe, Samwise debe su nombre a un personaje de J. R. R. Tolkien. Todavía apegada a su madre, está entrando en la edad adulta, un período delicado para las hembras de chimpancé, y pronto atraerá el interés de los machos. La mayoría de las hembras abandonan su comunidad natal para evitar la endogamia, pero muchas chimpancés de la comunidad de Kasekela han decidido quedarse. Los investigadores no pueden predecir qué hará Samwise. «Está emparentada con la mayoría de los machos adultos de su grupo, y si es lista, dará el paso y se marchará», dice Kara Schroepfer Walker, quien estudia a las hembras adolescentes.

Foto: Anup Shah y Fiona Rogers

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G11-214 cropped. Álbum familiar de Gombe

Álbum familiar de Gombe

Gaia, hembra, 21 años, hija de Gremlin, madre de Google

«Arquetipo de hermana mayor, increíblemente solícita y maternal.» Así describe a Gaia la investigadora Elizabeth Lonsdorf. Los científicos creen que ha ayudado a criar a sus hermanas gemelas, Golden y Glitter. Ella se concentraba en Glitter, a la que cargaba, acicalaba y cuidaba, mientras su madre, Gremlin, atendía a Golden. En 2009 Gaia parió y logró conservar consigo a su bebé Google, al que defiende como una fiera tras haber sufrido el robo de tres crías anteriores; todas murieron. Gaia también es una de las «pescadoras» de termitas más prodigiosas de Gombe; es frecuente verla extrayendo esta exquisitez durante horas con un palo bien escogido.

Foto: Anup Shah y Fiona Rogers

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G13-4709. Álbum familiar de Gombe

Álbum familiar de Gombe

Sparrow, hembra, 56 años (segunda por la derecha, mirando hacia arriba) con hijos y nietos

Decana de Gombe y matriarca indiscutida de la familia S, Sparrow y dos generaciones de descendientes disfrutan de una íntima sesión de acicalado. «Sparrow es una veterana curtida –observa Carson Murray, quien ha hecho un seguimiento de esta chimpancé durante varias campañas de investigación–. Cría hijas fuertes y competentes, pero sus hijos son niñitos de su mamá.»

Foto: Anup Shah y Fiona Rogers

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G11-4544. Álbum familiar de Gombe

Álbum familiar de Gombe

Gremlin, hembra, 44 años, madre de Gizmo, Gaia, Glitter, Golden y Gimli

Estudiada desde que nació, Gremlin es una de las favoritas de Goodall. Ha criado a las gemelas Golden y Glitter, la primera pareja conocida de chimpancés nacidos en estado salvaje que han llegado a la edad adulta (hoy tienen16 años). «Los bebés de chimpancé dan mucho trabajo –dice Elizabeth Lonsdorf, quien estudia el desarrollo infantil–. Gremlin demostró una fortaleza y una paciencia infinitas con ellas.» También es una ladrona de crías: arrebató tres recién nacidos a su hija Gaia. «Es un enigma –prosigue Lonsdorf–. Algo despierta en ella un ansia protectora extrema cuando hay bebés.» Ya de mediana edad, Gaia sigue siendo el vínculo que une a la gran familia G.

Foto: Anup Shah y Fiona Rogers

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G11-4538. Álbum familiar de Gombe

Álbum familiar de Gombe

Gizmo, macho, 5 años, hijo de Gremlin, hermano de Gaia

Gizmo, que tenía dos años cuando se le tomó esta foto, es un pequeño juguetón al que es habitual ver pululando alrededor de su hermano y hermanas mayores, buscando un abrazo o un revolcón. Hace muy poco que su madre, Gremlin, ha dejado de cargarlo a la espalda en los trayectos largos. Obligado a hacerse independiente a los dos años, cuando Gremlin empezó a criar a una nieta, Gizmo ha crecido falto de atención. Es fácil encontrarlo en el valle del Kakombe, en el centro de Gombe, jugando o acicalando en medio de una reunión de la familia G. «Cuesta imaginar que Gizmo pueda llegar algún día a ser un macho alfa», observa Carson Murray.

Foto: Anup Shah y Fiona Rogers

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G12-317. Álbum familiar de Gombe

Álbum familiar de Gombe

Nasa, hembra, 26 años, padres desconocidos, sin descendencia

Nasa apareció en 2000, probablemente después de haber abandonado una comunidad del sur. Su nombre deriva de la palabra que en swahili significa «asir», una alusión a su necesidad de encajar en su nueva comunidad. Es buena cazadora, y lo bastante grande como para ahuyentar a los machos que le disputan las presas. Típico de las hembras sin crías, Nasa se desplaza grandes distancias dentro de su territorio protegido.

Foto: Anup Shah y Fiona Rogers

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NationalGeographic 126921. Escenas de los archivos de Gombe

Escenas de los archivos de Gombe

La combinación de observación cercana y sensibilidad afectiva caracterizaron la labor pionera de Jane Goodall. En esta foto, tomada a principios de los años sesenta, establece relación con Figan.

Foto: Hugo Van Lawick, National Geographic Creative

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NationalGeographic 300159. Escenas de los archivos de Gombe

Escenas de los archivos de Gombe

Fifi (a la derecha), de cuatro años de edad, juega con Gilka, que toma su nombre de Robert Gilka, quien se convirtió en director de fotografía de National Geographic en 1963.

Foto: Hugo Van Lawick, National Geographic Creative

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NationalGeographic 616416. Escenas de los archivos de Gombe

Escenas de los archivos de Gombe

Jane Goodall cruza la mirada con Fifi, que con nueve hijos, llegó a ser la principal matriarca de Gombe.

Foto: Hugo Van Lawick, National Geographic Creative

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130937. Escenas de los archivos de Gombe

Escenas de los archivos de Gombe

Flint, un macho de 11 meses, acerca su mano a la de Jane. Años más tarde la primatóloga escribiría que a los cuatro años de edad Flint «era como un niño malcriado». Los chimpancés suelen establecer fuertes lazos familiares, pero con esa edad Flint era más dependiente de lo habitual. Siempre quería ir a lomos de su madre, Flo, y dormir en su mismo nido. Si ella no lo dejaba, montaba una pataleta.

Foto: Hugo Van Lawick, National Geographic Creative

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NationalGeographic 126920. Escenas de los archivos de Gombe

Escenas de los archivos de Gombe

Jane observa a Figan (segundo por la derecha) mientras su madre, Flo, lo acicala. Mientras tanto Baby Flint (en el centro) se acerca a su hermana, Fifi (izquierda). En 1964, mientras estaba de luna de miel en Inglaterra, Jane recibió un mensaje del cocinero del campamento que le informaba del nacimiento de Flint. Jane regresó de inmediato a Gombe para poder estudiar el desarrollo infantil del chimpancé en la naturaleza.

Foto: Hugo Van Lawick, National Geographic Creative

18 de septiembre de 2014

El 3 de abril de 2014 Jane Goodall cumplió 80 años. Su emblemática coleta rubia ha encanecido, pero en sus ojos castaños continúa brillando la inteligencia, un humor travieso y la pasión por su trabajo. Mi conversación con Jane comenzó con motivo del 50 aniversario del estudio de los chimpancés de Gombe, en Tanzania (ver «Jane: cincuenta años en Gombe», octubre de 2010), y se reanudó este año en la sede central de National Geographic, donde repasamos sus recuerdos y las fotografías de Anup Shah. El trabajo de Goodall con los chimpancés empezó en julio de 1960, y al cabo de meses ya se había familiarizado con varios individuos.

Pronto descubrió tres cosas fundamentales: los chimpancés usan herramientas, las fabrican, y pueden ser depredadores y comer carne. También empezó a reconocer el grado de diferenciación individual –rasgos únicos de personalidad– entre un chimpancé y otro. Más tarde, en 1962, hizo un paréntesis para doctorarse en etología por la Universidad de Cambridge.

Jane Goodall En aquellos años, todo el afán de la etología era demostrar que se trataba de una ciencia exacta. Lo cual por supuesto es imposible. A menos que seas muy invasivo.
Así pues, aunque las diferencias entre individuos se admitían a regañadientes, no se hablaba de ellas.
David Quammen A la etología académica no le gustaba hablar de las diferencias entre individuos. Prefería las pautas generales.
 

JG Era muy reduccionista.
DQ Reducía los individuos y su conducta a meros datos y a los patrones generalizables
a partir de ellos.
JG Exacto. Y reparar en las anécdotas era el peor de los pecados.
DQ Y entonces llegaste tú queriendo hablar de individuos, y de personalidades, y de caracteres.
JG De lo que yo quería hablar era de emociones. Quería hablar de la mente, y de pensamientos.
DQ ¿Y cómo reaccionó Cambridge?
La respuesta no fue muy buena. Sus profesores desaprobaban aquel enfoque.
JG Fue algo traumático oír que lo había hecho todo mal. Todo. Ponerles nombres, hablar de la personalidad de cada uno de ellos, de sus mentes y de sus sentimientos. Porque aquellas eran realidades exclusivas de los humanos. Recordé a mi primer profesor, cuando era niña, que me enseñó que aquello no era cierto.
Aquel profesor fue mi perro, Rusty. Es imposible
compartir la vida con cualquier animal de cerebro relativamente desarrollado y no darte
cuenta de que los animales tienen personalidad.
Así que Jane y yo no hablamos ni de pautas ni de ideas, sino del carácter individual de
ciertos chimpancés de Gombe, entre ellos algunos de los que aquí aparecen fotografiados.
DQ ¿Cómo describirías a David Greybeard?
JG Tenía una personalidad muy calmada. Muy resoluta. Cuando estaba empeñado en algo, sacaba el labio inferior. Así.
Hace una mueca, reproduciendo el gesto.
Le pregunto por Goliath, el macho alfa de la
comunidad durante sus primeros años en Gombe.
JG Goliath era apasionado. Muy valiente.
Y lo digo con conocimiento de causa, porque se enfrentaba a cualquiera que lo retase, aunque lo superase en tamaño o en número. No era calmado en absoluto, nada que ver con David.
DQ ¿Qué relación tenían entre sí?
JG Creo que debían de ser hermanos. Pasaban mucho tiempo juntos. Y David era un gran apoyo para Goliath cuando lo retaban. Fue una tragedia que los otros machos matasen
a Goliath cuando se escindió el grupo.
En 1964 un macho llamado Mike se valió
de la inteligencia, y no de la fuerza, para llegar a lo más alto.
DQ Mike encontró un nuevo método para convertirse en macho alfa, ¿correcto?
JG Ajá.
DQ Cuéntame.
JG Pues bien, estaba muy motivado. Otro tema del que no me dejaban hablar, por cierto.
DQ De la motivación.
JG Estaba motivado a ascender en la jerarquía, pero al principio tenía otros 11 machos por encima. Y había perdido dos caninos. No era un jovenzuelo. Supongo que sería algo mayor que David. El caso es que un día cogió una lata de queroseno vacía –de 4 galones– para usarla como atrezo en su representación
de poder, y descubrió que hacía un ruido
fantástico. Los chimpancés a los que dirigía
el espectáculo se largaron corriendo. Entonces Mike cayó en la cuenta de que podía sacarle provecho al tema. Aprendió a tener siempre
a mano tres de aquellas latas [vacías], para propinarles patadas y golpes. Recuerdo que
le daba mucho miedo el grupo de Goliath,
formado por cinco machos –Goliath el número uno–. Pero cargó directamente contra ellos con aquellas tres latas y todos huyeron a la carrera. Luego se sentó [Jane reproduce el sonido de un resuello] y todos acudieron a acicalarlo.
DQ Y así se estrenó como macho alfa.
JG Sí. Le bastaron unos cuatro meses para
llegar a lo más alto.
Le muestro una foto antigua de sus inicios, donde aparece con un cuaderno y un chimpancé asiéndole la mano derecha con las dos suyas.
JG Este es el chimpancé más inteligente que hemos tenido nunca, este de aquí. Figan.
DQ ¿De qué manera se manifestaba esa
inteligencia?
JG De muchas maneras.
Hace un minucioso relato de cómo Figan aprendió a quitar el seguro de la caja en la que ella guardaba los plátanos. Tanto Figan como su compañero Evered le cogieron el tranquillo, pero solo Figan entendía que abrir esa caja en presencia de machos más dominantes significaba que tendría que ceder el botín al instante.
JG Lo tenía muy observado. Se sentaba
tranquilamente, mirando a su alrededor como si tal cosa, y… de repente ponía un pie en
el seguro, y enseguida aquello se llenaba de machos. Él se quedaba allí sentado como una estatua –una vez estuvo así más de media hora– hasta que todos se marchaban. Entonces iba
y se comía los plátanos.
A continuación miramos el gran desplegable
de Frodo.
JG Era un matón. Un verdadero matón. A mí también intentaba intimidarme, no te creas.
A mí y a todo el mundo, pero es que ya de pequeño era un bravucón con los jóvenes. Muchas veces, si había dos chimpancés jugando y veían que se acercaba Frodo, dejaban de jugar, porque ya sabían que en cuanto él se incorporase, uno de los dos acabaría lastimado.
De adulto Frodo arrebató a su propio hermano
el puesto de macho alfa, demostrando que allí mandaba él. Con los humanos se mostraba a
veces agresivo pero también contenido, tal y como
la propia Jane y el cámara Bill Wallauer tuvieron ocasión de comprobar en primera persona.
JG Los dos sabíamos que Frodo no quería matarnos ni herirnos de verdad. Solo trataba de demostrar su fuerza. Yo siempre le decía: «Frodo, ya sé que eres dominante. No tienes que demostrarlo. ¿No ves que solo soy una hembra débil?». Un discurso de ese estilo. «Por favor.» En tres ocasiones conmigo y en otras dos con Bill, si llega a comportarse como era habitual en él, es decir, dándote empujones, no lo habríamos contado. Porque aquello
era una pendiente que acababa en roca pura. Pero no nos empujó.
dq Se contuvo.
JG Sí, se contuvo. Y también es cierto que tenía una faceta muy dulce con los bebés.
Era entrañable verlo jugar con las crías.
Así pues, Frodo era complejo. Pero todos los chimpancés lo eran. Saco, como si de otra carta del tarot se tratase, una imagen de Gremlin.
JG Gremlin es mi favorita desde hace muchos años. Es una madre buenísima. Y no te
imaginas cuánto se esforzó por ayudar a
su madre, Melissa, cuando tuvo gemelos.
Es raro que entre los chimpancés nazcan gemelos, y para las madres es muy difícil
alimentarlos. Melissa perdió a uno de los suyos. También Gremlin pariría gemelas, y ella sí pudo criarlas, toda una hazaña. Más tarde, cuando su siguiente cría aún era lactante, Gremlin
se apropió del bebé de su primogénita, Gaia.
JG Es algo extrañísimo, tanto, que seguimos sin entenderlo. Era casi como si, al haber tenido gemelas, se hubiese acostumbrado a criar
a dos bebés. Ya tenía una cría de dos años
y medio pero, en fin, no le parecía suficiente. Así que mejor tener otro. Y fue horrible.
Lo cuidaba, le daba de mamar, hacía todo
lo necesario. Lo trataba de maravilla.
Pero Gremlin no tenía leche suficiente para
alimentar a dos crías. El bebé de Gaia languideció
al cuidado de su abuela y finalmente murió.
DQ Háblame de Sparrow.
JG Una superviviente. Ella es otra gran matriarca, rodeada de hijos.
DQ ¿Aún vive?
JG Sí, es asombroso.
Sparrow tiene siete hijos, además de varios nietos y bisnietos. En los 54 años que Jane
ha estado vinculada a Gombe, primero como investigadora y luego como protectora y
defensora, ha habido muchos más momentos
de júbilo que de tristeza, pero con el tiempo todo lo bueno se termina, y la vida de Sparrow también llegará a su fin. David Greybeard, Goliath y Mike murieron hace mucho tiempo; Frodo hace algo menos. Casi al final de nuestra charla Jane recuerda la muerte de Flo, madre de al menos cinco hijos, abuela de muchos
nietos, la matriarca más importante y más
querida de la historia de Gombe.
DQ ¿Cómo murió Flo?
JG Cruzando un río. Muy viejecita. Iba con Flint. Por entonces Flint tenía ocho años,
pero seguía dependiendo mucho de ella.
¿Lloré? Sí.
DQ ¿La encontraste tú?
JG No, no fui yo quien la encontró, pero
llegué a verla. Y vi… eso fue lo más triste…
vi a Flint junto al cadáver. No lo entendía.
Le tiraba sin cesar de la mano, igual que hacía cuando estaba viva. Como diciéndole: «Por favor, despiójame, mami». En un momento dado se alejó y fue a un árbol en el que habían dormido juntos un par de noches antes. Trepó muy, muy lentamente, recorrió la rama despacio hasta el nido, se detuvo para mirarlo, dio media vuelta y regresó. Me partió el corazón.
Flint murió unas tres semanas después, huérfano a sus ocho años, llorando por su madre, llorado por la doctora Goodall, la etóloga que reconoció que los chimpancés tienen personalidad y experimentan emociones.