Geología

Geología milenaria

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Entre las sierras de Filabres, Almahilla y Cabrera, en el municipio almeriense de Sorbas, se halla el paisaje kárstico en yeso más importante del país y uno de los más relevantes del mundo. La acción de la lluvia sobre los yesos, solubles al agua, ha creado dolinas, galerías, cuevas, simas y otras formaciones más complejas, como los espeleotemas, entre los que se incluyen las estalactitas y estalagmitas. Pero existen otros espeleotemas más excepcionales, como el que se halla en el karst de yeso de Sorbas y del que sólo se conoce otro ejemplar en una cueva de Nuevo México. Se trata del denominado abeto de yeso, una formación milenaria generada tras una singular conjunción de procesos. «El abeto de yeso es un espeleotema coraloide –explica José María Calaforra, profesor e investigador del departamento de Hidrogeología y Química Analítica de la Universidad de Almería–. Su origen se inicia con un intenso caudal de goteo constante y la acción de la salpicadura que tiene lugar tras el impacto de las gotas sobre la superficie del espeleotema. Luego, debido a la capilaridad, el agua asciende por su estructura. La evaporación genera el crecimiento de los cristales, y esa agua evaporada, condensada en el techo y con un elevado contenido en sulfato cálcico, gotea de nuevo sobre el abeto.»
En el karst de Sorbas opera la segunda cantera de yeso más grande del mundo. «Una parte del karst está protegida bajo la figura de paraje natural. Pero la que queda fuera de sus límites es explotada por canteras de yeso a cielo abierto que destrozan decenas de cuevas al año», advierte Calaforra, quien propone la creación del que sería el primer parque natural subterráneo de Europa. —Eva van den Berg

 

Foto: Eduardo Blanco