Espíritu solitario

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1 de octubre de 2015

Con la notable excepción de los leones, que viven en manadas, la mayoría de los félidos prefieren la soledad. Los ejemplares adultos de las, más o menos, 40 especies de félidos que existen son «animales solitarios que solo se reúnen para aparearse», según la enciclopedia online Animal Diversity Web.
Es el caso del margay (abajo), un pariente del ocelote. Cuando las hembras entran en celo –cada 32 a 36 días–, los machos se les acercan, merodean por la zona un par de días, y repetidamente inician un acto sexual que puede durar un minuto. Luego desaparecen. Si la hembra concibe, a los dos meses y medio aproximadamente parirá un cachorro o, rara vez, dos. Algo muy conveniente para la madre, ya que solo tiene un par de glándulas mamarias, pero que al mismo tiempo supone una baja tasa de natalidad. Un año después de nacer,
la cría se separa de la madre para vivir su propia vida en soledad.
En la mayoría de los países está prohibido vender margays como mascotas o cazarlos para vender su piel. Centros como el Bioparque M’Bopicuá de Uruguay nutren sus poblaciones criándolos en cautividad. Con todo, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza advierte de que para 2025 la población de este felino quizás haya menguado hasta un 30 %. Al arrasar los bosques para crear pastos y cultivos, los tímidos margays rehúsan cruzar los paisajes alterados, incluso para aparearse. Un hábitat y una población menguantes que podrían hacer de este felino una criatura aún más solitaria.