Botánica

En delicado equilibrio

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La isla de Lobos es un pequeño islote deshabitado desde 1968 situado al nordeste de Fuerteventura, en el archipiélago de Canarias. Su superficie es de apenas 4,5 kilómetros cuadrados y debe su nombre al hecho de que en el pasado albergó una población de focas monjes, a las que también llamaban lobos marinos. En este islote, declarado Zona de Especial Conservación (ZEC) y parque natural, existe un endemismo que, tras extinguirse de Lanzarote y Fuerteventura, sólo se encuentra aquí. Se trata de la siempreviva de saladar (Limonium bollei), una planta halófita, es decir, adaptada al medio salino, que cuenta en la isla de Lobos con una única población distribuida en una pequeña área de medio kilómetro cuadrado. Biólogos de Canarias Conservación, en colaboración con la Consejería de Medio Ambiente del Cabildo de Fuerteventura, han realizado recientemente una visita científica a Las Lagunillas, la zona del islote donde se encuentra la siempreviva, para determinar el estado de conservación de esta peculiar área de aguas marinas someras donde se congregan también otros endemismos, además de numerosas aves marinas. «El ecosistema que sustentan estos saladares es extremadamente frágil –dice Manuel Carrillo, director de la organización Canarias Conservación y del Comité Científico de la Reserva de la Biosfera de Fuerteventura–. Tanto la planta como el ecosistema se hallan en franca regresión, por lo que pensamos que deberían estar más protegidos legalmente, tanto a nivel nacional como autonómico.» Y es que el riesgo de que esta joya biológica desaparezca de forma súbita, opina el biólogo, es muy alto. Queda dicho. —Eva van den Berg

 

Foto: Juanmi Alemany