El desierto de Atacama, alfombrado de flores tras un récord de lluvia

El gran desierto chileno, considerado el lugar más seco del planeta, en flor tras un año de lluvias de lo más inusual.

Atacama con una preciosa alfombra de flores

Atacama con una preciosa alfombra de flores

Foto: Carlos Aguilar  /  AFP  /  Getty images

15 de noviembre de 2015

El desierto de Atacama, en Chile, cuenta en su haber el récord de días sin lluvia más alto del planeta: fueron exactamente 173 meses sin que cayera una sola gota de agua y sucedió a principios del siglo pasado. Pero este año, los efectos de El Niño –ese fenómeno climático errático relacionado con las temperaturas anómalamente altas del Pacífico ecuatorial– han detonado un boom de lluvias extraordinario para este lugar, concentradas en un solo día: unos 157,3 milímetros. Una cifra que tal vez no nos parezca tan excepcional: en España, el lugar más árido –el almeriense desierto de Tabernas–, recibe algo menos de 200 mm anuales, pero en Atacama, estos 157,3 mm equivalen a la lluvia que puede llegar a caer a lo largo de 14 años. Y todo en una sola jornada, lo que causó graves inundaciones en localidades como Copiapó, situada a orillas del río del mismo nombre, que se desbordó de forma incontrolada causando la muerte de varias personas. 

Sin embargo, un poco más allá, el ecosistema desértico reaccionó absorbiendo hasta la última gota de lluvia para dar lugar después una megafloración que nos ha legado unas bellísimas e inusuales imágenes. Distintas especies han florecido de forma sensacional, brotando como nunca y  alfombrando el desierto de tonos malvas, rojos, blancos y amarillos. Algunas de las especies que han aprovechado esa casuística tan improbable han sido la solanácea Nolana paradoxa, la añañuca (Rhodophiala rhodolirion), la endémica garra de león (Bomarea ovallei) y la pata de guanaco (Calandrinia longiscapa).

Sin duda los hábitats desérticos son ecosistemas sorprendentes, donde la vida yace agazapada esperando su oportunidad. En especial en el de Atacama, según ha confirmado un reciente estudio realizado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC, ubicado en Madrid. La investigación ha descubierto cómo, en algunas de las rocas de este desierto tan extremo, la estratificación de las rocas ofrece lo que ellos denominan “una arquitectura habitable” que se erige como un hogar acogedor para algas y cianobacterias. Incluso aquí, en el lugar más seco y con más irradiación del planeta, los organismos se las ingenian para sobrevivir. Si encima cae algo de agua, la eclosión de la biodiversidad ofrece espectáculos tan asombrosos como este.