Editorial

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editorialgener2011

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Por Chris Johns, director de National Geographic Magazine

La tierra que arde

El «agujero infernal de la creación». Así describió el explorador italiano Ludovico Mariano Nesbitt en 1928 la depresión de Afar, en el norte de Etiopía. Nesbitt fue el primer europeo que exploró tan inhóspito paraje y vivió para contarlo. Tres expediciones anteriores habían fracasadoen el intento, lo cual no es de extrañar. Afar es uno de los lugares más calurosos de la Tierra, un territorio agreste con volcanes activos, unburbujeante lago de lava y manantiales de agua hirviente. Sus habitantes, los afar, no son precisamente célebres por su hospitalidad. Un lugar que no resulta atractivo, excepto parael fotógrafo George Steinmetz.

Pese a las dificultades, quedó fascinado por la región porque, como se aprecia en el reportaje de este mes «La sal y la tierra», allí se pueden tomar fotografías realmente extraordinarias. Otro incentivo del viaje era la promesa de vivir una de esas aventuras en las que uno solo puede contar consigo mismo. «Lo maravilloso de África es que por lo general no hay normas, ni nadie que las imponga –afirma George–. Cuando llegamos a una caldera en erupción, no había nadie para decirnos si la lava estaba subiendo o bajando, o si el borde del cráter era quebradizo. Acceder a la misma orilla del lago de lava para tomar una foto fue como andar por elfilo de la navaja, entre gases tóxicos que convertían la humedad de las fosasnasales en ácido sulfúrico. Quería fotografiar el lago desde el parapente pero vi que no podría aterrizar sin despeñarme en aquel terreno inestable. Tengo por norma no sobrevolar nunca un lugar si no hay un punto seguro al que descender planeando en caso de que falle el motor.

»Precisamente en mi siguiente vuelo, sobre el lago Afrera, falló el motor al romperse el manguito del combustible. En África tal vez no haya normas –dice George–, pero yo me alegré de tener las mías.»