Editorial

Mi pequeño elefante

editorialseptiembre2011

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8 de septiembre de 2011

Hace unos años conocí en Zambia a un bebé elefante. Se llamaba Lilundu, era una hembra y la habían envuelto en una manta roja porque se acercaba la noche y hacía frío. Al principio no me tenía ninguna simpatía. Debía de verme como un intruso que se interponía entre ella y el hombre que la había rescatado, el dueño de un alojamiento turístico. Cuando paseábamos los tres por la orilla del río Zambeze me empujaba para sacarme de en medio. No estaba dispuesta a compartir con nadie a la persona que la había adoptado tras perder a su madre a manos de los cazadores furtivos. Cuando los habitantes de la zona llevaron a Lilundu al lodge, el propietario se comprometió a cuidarla.

¿Cómo curar a una pequeña elefanta huérfana y traumatizada? Sólo una persona tenía la respuesta: Daphne Sheldrick, directora de un orfanato de elefantes en el Parque Nacional de Nairobi. Ella le envió la receta de un preparado sustitutivo de la leche materna de elefante y varios consejos para el cuidado de Lilundu. En cuestión de días, la pericia de Daphne y las atenciones del dueño del lodge transformaron a la cría, que empezó a mejorar.

Este mes, el autor Charles Siebert y el fotógrafo Michael Nichols nos muestran el centro de rehabilitación de elefantes huérfanos de Daphne, el orfanato de Nairobi del David Sheldrick Wildlife Trust. «Los elefantes son unos animales muy humanos –dice Daphne–. Tienen emociones idénticas a las nuestras: hasta sufren el mismo estrés postraumático.»

Ahora comprendo por qué Lilundu se mostraba tan posesiva con su protector. Al final acabó aceptándome, pero poniendo sus condiciones, y me dejaba acompañarla en sus largos paseos, los dos solos por la orilla del Zambeze.