Editorial: amenaza tormenta

editorialseptiembre2012

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Septiembre de 2012

Cuando vivía en Kansas el cielo me parecía más grande y espectacular. Sentía que dominaba el paisaje, sobre todo en mayo, cuando llegaban las impresionantes supercélulas, esas tormentas en rotación que hacían que después del mediodía el horizonte se ennegreciera o adquiriera un espectral color verde oscuro. La atmósfera estallaba en truenos ensordecedores, latigazos de relámpagos y vientos aterradores. Las sirenas de aviso de tornado aullaban, pero yo las ignoraba y asistía al magnífico espectáculo de la naturaleza, casi siempre acompañado. No era el único que sucumbía a la tentación de contemplar aquel drama, pese al riesgo de acabar ahogado por la lluvia, acribillado por el granizo o absorbido por un tornado.

El año pasado se registró en Estados Unidos la cifra récord de 14 fenómenos meteorológicos extremos, desde inundaciones hasta sequías, cada uno de los cuales causó daños por valor de mil millones de dólares como mínimo. También hubo que lamentar muertes. Es evidente que ignorar el cielo puede ser muy peligroso, como se explica en el reportaje de este mes sobre meteorología extrema.

Su autor, Peter Miller, es un gran conocedor de dicha materia. En la primavera de 1986 pasamos cerca de tres meses persiguiendo tormentas con un equipo del Laboratorio Nacional de Tormentas Severas para la preparación de un reportaje sobre tornados publicado en el número de la Geographic de junio de 1987. Muchas cosas han cambiado desde entonces. Nuestro planeta se ha calentado, la atmósfera es más húmeda, hay más lluvias torrenciales y las sequías son más acusadas. Peter explora las causas y sondea el futuro, que en opinión de algunos pinta tan negro como el cielo de Kansas en plena tormenta de mayo.