Editorial: A la caza de los furtivos

editorial_septiembre2015

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Septiembre de 2015

Fue una de esas ideas audaces que casi rozan la locura: dar caza a los cazadores de elefantes. Para ello, primero había que fabricar un colmillo falso que diese el pego a los mayores expertos (en este caso, los cazadores furtivos). Segundo, camuflar en su interior un GPS. Tercero, rastrear la señal por satélite y seguir la pista a los malhechores. Resultado, si todo iba bien: sacar a la luz los entresijos del comercio ilegal de marfil, que entre 2009 y 2012 propició la matanza de 100.000 elefantes africanos. Un negocio cruel que también pasa factura al ser humano, dejando tras de sí poblados saqueados, niños raptados, mujeres violadas y guardas forestales asesinados.
Todo ello inspiró el reportaje de investigación que National Geographic presenta en este número, el primero de una serie que publicaremos en la revista y en la página web nationalgeographic.com.es. Los artículos son obra de nuestra nueva Unidad de Investigaciones Especiales, creada a propuesta de Bryan Christy, Explorador del Año 2014 y luchador acérrimo contra los delitos que atentan contra el medio natural.
«Para poner coto a los delincuentes y proteger la fauna, el primer paso es divulgar lo que hacen –dice Christy–. No quiero que nadie pueda decir “qué podía hacer yo al respecto”, o “es que no lo sabía”.»
Lo primero que hay que saber es esto: el próspero negocio internacional de compraventa de animales salvajes (entre ellos especies en peligro y artículos fabricados con materiales procedentes de esas especies) mueve miles de millones de euros al año. Este comercio no solo mata elefantes, tortugas, cocodrilos y otros muchos animales, sino que también enriquece a sindicatos del crimen, contrabandistas y terroristas. En un decreto de 2013 destinado a combatir la delincuencia en materia de vida salvaje, el presidente Obama calificó el auge del furtivismo y del tráfico ilegal de «crisis internacional que alimenta la inestabilidad y socava la seguridad».
En este sentido, el celo de Christy –y del fotógrafo Brent Stirton, cuyo trabajo conmovedor puede admirarse en las páginas siguientes– ha contagiado a todos y cada uno de los miembros de National Geographic Society. Proteger la fauna salvaje es prioritario para esta institución.
Me gusta cómo lo expresa Christy: «Odio las batallas desiguales –afirma–. Y la lucha por proteger de la explotación comercial a las especies en peligro
es la más desigual que conozco».