Deslumbrante… a ratos

pato

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«El pato mandarín posee un plumaje sorprendente y pintoresco que lo convierte en uno de los patos más hermosos y llamativos, de hecho, en una de las aves más hermosas del mundo.» Son palabras de Christopher Lever, eminente conservacionista británico y una de las autoridades mundiales en lo que a esta especie (Aix galericulata) se refiere. A su cita , sin embargo, conviene añadir una aclaración: el pato mandarín que busca pareja ofrece una imagen espectacular, pero una vez logra su objetivo… la cosa decae.

En Europa estos patos exhiben durante el otoño lo que Lever llama «sus mejores galas de seducción»: cabeza verde de tonos cobrizos, pecho violeta, collar de color teja y alas naranja con reflejos dorados. Durante el invierno el macho se dedica a acicalar, agitar y lucir esas plumas para seducir a la hembra, cuyos tonos son más discretos. Entre los meses de abril y mayo el acto conyugal ya se ha consumado, y la hembra pone entre 9 y 12 huevos.

El macho permanece cerca durante la incubación, que dura entre 28 y 33 días. Pero cuando los polluelos rompen el cascarón, la hembra debe criarlos en solitario mientras los machos se entregan a una muda que dura todo el verano. Al despojarse de sus plumas seductoras, el pato mandarín se queda cubierto por el llamado «plumaje eclipse» (derecha). También pierde las plumas primarias de las alas, por lo que durante un tiempo es incapaz de volar; en semejantes circunstancias, tener un aspecto poco atractivo le ayuda a protegerse de los depredadores.

Con la llegada del otoño concluye la fase de «patito feo». El pato mandarín vuelve a lucir el plumaje nupcial y emprende de nuevo la búsqueda del amor.