Cuando quiera la señora

panda

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23 de diciembre de 2014

Hablemos del macho de panda gigante, la viva imagen del pretendiente sufridor. Su objeto de deseo, la hembra de Ailuropoda melanoleuca, entra en celo una vez al año durante un breve lapso de tiempo que dura de 24 a 72 horas. No es de extrañar que la especie esté en peligro de extinción y que su cría en cautividad se vigile con la misma obsesión que el nacimiento de los herederos al trono británico.
Con tan pocas ocasiones de expresar su amor, ¿qué puede hacer el pobre panda? Estar anatómicamente equipado y sexualmente a punto para darlo todo a la voz de ya. El celo de la hembra puede producirse en cualquier momento entre febrero y mayo. Para estar preparado para ese momento, las hormonas del macho trabajan a toda máquina a partir del otoño. Durante esos cuatro meses en los que la hembra puede dar la sorpresa cuando uno menos se lo espera, los testículos llegan a duplicar o triplicar su tamaño.

Cuando un equipo científico de Chengdu (China) estudió varios machos anestesiados, descubrieron que su esperma era más abundante y ganaba en motilidad durante la temporada de celo de la hembra. En resumen, el macho lo da todo en ese cuatrimestre, que se convierte en el momento idóneo para recoger esperma y utilizarlo en programas de cría en cautividad.

Pero lo cierto es que un pretendiente no puede estar de guardia siempre. Por eso, hacia junio o julio las gónadas del panda gigante echan el cierre hasta la siguiente temporada de apareamiento. —Patricia Edmonds