Catástrofe medioambiental en Brasil

La rotura de un dique de contención de una mina de hierro en Brasil causa una riada de lodo tóxico que alcanza el océano Atlántico.

brasil

brasil

27 de noviembre de 2015

El pasado 5 de noviembre de 2015, la rotura de un dique de contención de la mina de hierro de Mariana, en el estado brasileño de Minas Gerais, provocó una riada de lodo tóxico y escombros minerales que dejó 12 muertos y decenas de desaparecidos. Pero la tragedia no acaba ahí. Desde aquél día, el vertido ha ido avanzando inexorablemente por las aguas del río Doce, en el sudeste del país, destruyendo la vida del ecosistema fluvial, contaminando todo cuanto ha encontrado a su paso y dejando decenas de poblaciones sin agua potable.

La corriente del río arrastra consigo grandes cantidades de lodo rico en metales pesados, entre ellos manganeso, un elemento extremadamente cancerígeno cuya concentración en la zona afectada es, según el Ministerio de Medio Ambiente de Brasil, un 645.000 por ciento superior al límite permitido para el consumo humano.

Los 62 millones de metros cúbicos de lodo y residuos tóxicos vertidos (el equivalente al contenido de 24.800 piscinas olímpicas) llegaron el pasado domingo día 22 de noviembre al océano Atlántico, según informaron técnicos del Servicio Geológico de Brasil. El vertido amenaza ahora el archipiélago de Abrolhos, (foto) un santuario marino situado a unos 210 kilómetros de la desembocadura del río Doce en el que prosperan diversas especies de aves, moluscos y tortugas y donde cada año, justo por estas fechas, recala un millar de ballenas jorobadas para reproducirse en sus aguas repletas de corales.

El Gobierno de Brasil responsabiliza de la catástrofe a la minera australiana BHP Billiton y a la brasileña Valle S.A, propietarias de Samarco, la empresa minera responsable de la instalación, a las que ha impuesto una multa del equivalente a 393 millones de euros, una cifra que las organizaciones conservacionistas consideran a todas luces insignificante comparada con la multa de 20.000 millones de dólares que la petrolera BP tuvo que afrontar por el desastre medioambiental provocado por el de vertido de petróleo en el Golfo de México en 2010.

El Gobierno brasileño ha calificado el accidente de auténtica «catástrofe ambiental» y el Instituto Estadístico de Medio Ambiente del país ha admitido que el lodo ya se ha adentrado más de 10 kilómetros mar adentro. Las autoridades brasileñas reconocen la magnitud del desastre y la ministra de Medio Ambiente, Izabella Teixeira, ha declarado que la recuperación del ecosistema afectado llevará «por lo menos 10 años».