Un método de conservación barato y eficaz para las aves rapaces

Un equipo del CSIC ha desarrollado un método "lowcost" para reintroducir aves rapaces con éxito

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Aquila adalberti

Aquila adalberti

En el año 2001 sólo se encontraban 10 parejas de águilas imperiales ibéricas en el entorno de Sierra Morena, cantidad que para el año 2015 ya había aumentado a 91 parejas, lo que representa un incremento de 810%.

Foto: CSIC/EBD

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Gypaetus barbatus

Gypaetus barbatus

Se observó con el Quebrantahuesos en el Pirineo Aragonés, que pasó de 15 territorios ocupados en 1988 a 67 en el 2017, lo que representa un aumento del 347 %.

Foto: CSIC/EBD

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Gypaetus barbatus

Gypaetus barbatus

El método es susceptible de ser aplicado con otras especies, no sólo de aves rapaces. La elección adecuada del territorio donde disponer el alimento adicional representa una de la claves de su éxito.

Foto: CSIC/EBD

5 de diciembre de 2017

La conservación de la naturaleza suele ser contemplada por quienes manejan la economía como una mala inversión. Independientemente del valor no monetizable intrínseco de la naturaleza y de gran la cantidad de servicios que gratuitamente esta nos ofrece, se trata a ojos de las mentes economicistas de una perdida de capital de la que no se obtiene un rédito económico directo, un saco de fondo roto donde en ocasiones, tan solo van a parar unos recursos exiguos a veces insuficientes para realizar una labor eficaz.

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Es por esta razón que, haciendo honor a esa frase que dice que la necesidad agudiza el ingenio, ahora un grupo de investigadores de la Estación Biológica de Doñana -EBD- perteneciente al Consejo superior de Investigaciones Científicas - CSIC- ha desarrolla un método de reintroducción de aves rapaces que, sin perjuicio para su efectividad y eficacia resulta mucho más económica.

De este modo, en el estudio que fue realizado con águilas imperiales y quebrantahuesos, se demostró que el conocido como método de la alimentación suplementaria puede llegar a ser anualmente cinco veces más económico que la cría en cautividad y también más rápido en cuanto a años necesarios para la obtención de ejemplares jóvenes, confirmándose un impacto notable el nacimiento de nuevos pollos de aves rapaces y de ejemplares que salen adelante. Posteriormente este “superávit” de ejemplares jóvenes puede derivarse a proyectos de reintroducción. La investigación ha aparecido recientemente en la revista especializada Journal of Applied Ecology.

El método de la alimentación suplementaria

A grandes rasgos, la alimentación suplementaria consiste en la colocación intencionada por parte de los investigadores de una cantidad extra de alimento en sitios cercanos a los nidos de las aves rapaces. Para el estudio los investigadores abordaron las estadísticas en torno a dos especies con las que se han llevado a cabo proyectos de alimentación suplementaria, el águila imperial ibérica -Aquila adalberti- y el quebrantahuesos, Gypaetus barbatus.

Apunta Miguel Ferrer, autor principal del estudio, que en el año 2001 sólo se encontraban 10 parejas de águilas imperiales ibéricas en el entorno de Sierra Morena, cantidad que para el año 2015 ya había aumentado a 91 parejas, lo que representa un incremento de 810 %. Similar situación se observó con el quebrantahuesos en el Pirineo Aragonés, que pasó de 15 territorios ocupados en 1988 a 67 en el 2017, lo que representa un aumento del 347%. Son cifras por las que sentirse orgulloso.

Maximizando recursos, el lowcost llega a la conservación

Para el estudio se analizaron los promedios anuales de los presupuestos de diversos proyectos de cría en cautividad tanto de águila imperial ibérica como del quebrantahuesos, desarrollados por entidades españolas como la Fundación Migres y la Fundación Gypaetus, en comparación con los promedios anuales de proyectos de alimentación suplementaria llevados a cabo por una parte por la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía y por otra parte por la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos. Mientras que en promedio los proyectos de alimentación suplementaria costaron 78.000 euros al año, por el contrario los proyectos de cría en cautividad representaron 390.500 anuales, cinco veces más.

El método es susceptible de ser aplicado con otras especies, no sólo de aves rapaces.

Además de la diferencia económica, explica Ferrer que la cría en cautividad requiere un mayor número de años que la alimentación suplementaria para la obtención de nuevos pollos, ya que los programas en centros suelen comenzar con individuos jóvenes que pueden tardar hasta 10 años en llegar a la madurez sexual reproductora. En cambio, con la alimentación suplementaria se aporta desde el inicio comida extra a parejas ya maduras. Por todo ello, “cada joven liberado procedente de cría en cautividad nos cuesta 146.805 €, mientras que con alimentación suplementaria, cada joven cuesta 10.680 €”, puntualiza Ferrer.

El alimento necesario en el territorio adecuado

Este tipo de especies de aves rapaces con un largo período de vida, como es el caso del águila imperial ibérica y del quebrantahuesos, son especialmente territoriales. A medida que la densidad de las poblaciones aumenta, los territorios mejores están ocupados y las últimas parejas en incorporarse lo tienen que hacer en territorios de peor calidad. Son justamente estas últimas parejas, que tienen más dificultades para obtener presas, las que mayores beneficios consiguen con una aportación extraordinaria de alimentos, y por lo tanto las que pueden poner huevos adicionales.,

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En ese sentido, enfatiza Ferrer que el éxito de estos programas radica no sólo en el aporte de un suplemento de alimento, sino también en disponerlo en el sitio donde resulta necesario, ya que de poco sirve, a efectos reproductivos, ofrecer comida extra a aquellos ejemplares que de forma natural ya están suficientemente alimentados. Apuntan además los investigadores que a pesar de este estudio se ha llevado a cabo con águilas imperiales y quebrantahuesos, también el método es susceptible de ser aplicado con otras especies, no sólo de aves rapaces.

Concluye el estudio que en aquellos casos en los que las poblaciones salvajes de una determinada especie son muy pequeñas, o incluso ya inexistentes, resulta imposible optar por la extracción de huevos de los nidos para los programas de reintroducción, quedando como única opción posible la cría en cautividad. No obstante, en otros casos, en los que sí se podría utilizar los huevos sobrantes de nidos salvajes, la importante diferencia económica entre la cría en cautividad y la alimentación suplementaria se convierte en un importante argumento de peso que no se puede pasar por alto en futuros programas de conservación.