En las cumbres de Papúa Nueva Guinea crecen árboles imponentes

Alec Forssmann

6 de junio de 2017

Una expedición ha descubierto ejemplares de hasta 40 metros de altura a unos 2.400-3.100 metros sobre el nivel del mar, lo que demuestra que en las montañas altas no siempre crecen árboles pequeños

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La primera exploración exhaustiva de los frondosos bosques primarios de Papúa Nueva Guinea, desde la costa hasta las montañas cubiertas de nubes, ha revelado la existencia de árboles de gran altura en altitudes extremas, a unos 2.400-3.100 metros sobre el nivel del mar, según informa la Universidad de Queensland (Australia), que ha participado en el estudio. "Actualmente se piensa que en las montañas altas crecen árboles pequeños", dice Michelle Venter, de la Universidad del Norte de Columbia Británica (Canadá) y principal autora del estudio publicado en Global Change Biology. "Los bosques tropicales montañosos normalmente son achaparrados y nudosos", destaca.

"Sin embargo hemos observado más de 15 familias de árboles con ejemplares de unos 30-40 metros de altura en altitudes extremas, por lo que esta suposición queda en entredicho", afirma Venter. Entre los árboles más altos hay un ejemplar de Nothofagus starkenborghii de 41 metros de altura, una de las hayas meridionales cuyos ancestros dominaron los bosques de Gondwana hace millones de años.

El árbol más alto del mundo mide 115 metros de altura y está en California

El árbol conocido más alto del mundo es una Sequoia sempervirens de unos 115 metros de altura que se encuentra en el estado de California y, como las demás secuoyas rojas, ocupan una franja estrecha a lo largo de la costa pacífica. En cambio, a unas altitudes de 2.400-3.100 metros, los bosques del mundo difícilmente alcanzan los 15 metros de altura, mucho menos que en la abrupta y remota provincia de Morobe en Papúa Nueva Guinea, donde se ha realizado el estudio. "Lo creas o no, la razón por la que los árboles crecen en tamaño sigue siendo un tema de investigación y las razones por las que persisten los árboles grandes y viejos todavía no se conocen del todo", concluye Michael Bird, coautor del estudio.