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Viaje al corazón del Sahara

Viaje al corazón del Sahara

Viaje al corazón del Sahara

Dos hombres se incorporan a una caravana de camellos y, a través de una tierra asolada por la guerra, la pobreza y el implacable sol del desierto, recorren 6.000 kilómetros en busca de un antiguo modo de vida.

El anciano se está muriendo. En un oscuro rincón de su cabaña, alejado de la puerta por donde va asomándose todo un desfile de visitantes, yace boca arriba, con la cara negra y arrugada. Su hijo está sentado cerca, detrás de él. Su respiración es seca y débil. Cada vez que aspira, el hombre parece ahogarse con el dulzor del aire que ha sido perfumado para enmascarar el hedor de la muerte inminente. Tiene la cabeza colgando. Está paralizado por una serie de apoplejías, que consumen lentamente su vida. Me acerco a él. Las cataratas nublan sus ojos, una cruel secuela para muchos pastores que se han pasado la vida oteando las extensiones bañadas por el sol del Sahara."Antes veía un poquito –dice su hijo-. Pero ahora se ha quedado completamente ciego. Espero que pueda oírme, que sepa que estoy aquí. Inshallah." Si Alá quiere.Estamos en Diona, un poblado disperso de chozas y rediles alineados junto al cauce seco de un río en Chad. A 40 metros de la casa del anciano, unas mujeres morenas y nervudas, con pañuelos de vivos colores, extraen de un pozo un cubo tras otro y vierten su contenido en abrevaderos para las ovejas y las cabras.Lea el artículo completo en la revista.