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U.S.S. Arizona

U.S.S. Arizona

U.S.S. Arizona

Sesenta años después de que los bombarderos japoneses hundieran el acorazado U.S.S. Arizona con toda su dotación, el pecio yace todavía en aguas hawaianas rodeado de los restos de casi un millar de norteamericanos que murieron a bordo durante el ataque. Cementerio marino, sobre el buque se levantó el monumento conmemorativo donde miles de personas acuden a rendirle tributo. De las grietas del buque sigue fluyendo petróleo, recordándonos, gota a gota y permanentemente, aquella mañana infernal en Hawai.

El petróleo aún rezuma del U.S.S. Arizona, un acorazado hundido en Pearl Harbor. Unos dicen que es la sangre de sus 1.177 marineros y marines muertos; otros sostienen que son sus lágrimas. Los románticos creen que sólo dejará de fluir petróleo cuando muera el último superviviente del Arizona.No falta mucho para que eso suceda. Al ir acercándose el sexagésimo aniversario del ataque japonés, muchos de los supervivientes del Arizona planean su último peregrinaje a Hawai. Allí, los ancianos veteranos recordarán de nuevo cómo una noche de un sábado tropical, amenizada con ukeleles y flores de plumeria, dio paso a una mañana dominical de horror convulsivo. Y cómo aquello cambió sus vidas para siempre.El Arizona era uno de los ocho acorazados estadounidenses dañados por aviones japoneses el 7 de diciembre de 1941, en el primer acto bélico de la segunda guerra mundial entre Japón y Estados Unidos en el Pacífico. Seis de ellos volvieron a combatir, pero el Arizona yace aún en el fino sedimento gris de Pearl Harbor, a 12 metros de profundidad, desmantelado hasta la cubierta principal, con su imponente estructura de torres y mástiles desaparecida hace tiempo. La torre número tres y otras estructuras oxidadas asoman a la superficie, y un monumento blanco lo atraviesa como una silla de montar, donde miles de visitantes acuden a rendirle tributo.Lea el artículo completo en la revista.