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Travesía del Ártico en solitario

Travesía del Ártico en solitario

Travesía del Ártico en solitario

Un aventurero noruego cruza en solitario el Ártico desde Rusia hasta Canadá, esquiando, nadando y caminando. Para llevar a cabo tal hazaña se ha valido de un equipamiento de alta tecnología, pero también de su instinto animal.

La primera semana de la que será la última gran expedición en solitario de mi vida casi puede conmigo. Había estado preparándome durante dos años para este viaje. Estaba en plena forma, física y anímica. Antes ya había superado pruebas similares (la travesía en solitario al polo Norte en 1994 y la de la Antártida cruzando el polo Sur en 1997). Estaba listo para un triatlón infernal: 1.996 kilómetros esquiando, caminando y nadando desde Rusia hasta Canadá, para convertirme en la primera persona que atraviesa en solitario los dos polos. Pero cuando sólo habían transcurrido un par de días, el trineo, cargado con todos los suministros, empezó a romperse; los patines se aflojaron y el revestimiento de Kevlar empezó a agrietarse, desgastado por las afiladas aristas del hielo nuevo de la banquisa. Sobreviví a la noche brutal en que el océano Ártico estuvo a punto de engullir mi primer campamento, pero a la mañana siguiente –la del tercer día– no pude encontrar nieve que derretir para obtener agua dulce. Lea el artículo completo en la revista.