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Testimonio: Iraq

Testimonio: Iraq

Testimonio: Iraq

Rico en petróleo, Iraq ha gastado una fortuna en guerras, pero el tesoro del país, una de las mayores reservas mundiales de crudo, no puede comprar ni la paz ni la prosperidad para la población iraquí.

El director general de antigüedades pidió disculpas por bostezar. Eran las 13.30 y nos hallábamos en su despacho, cerca del Museo de Iraq en Bagdad. "Esta mañana me he levantado a las tres –dijo Muayad Said Damerji-. Cuando volvió la luz en mi barrio." Las centrales eléctricas, bombardeadas durante la guerra del golfo Pérsico en 1991, aún funcionan a la mitad de su capacidad anterior. Por eso cada barrio de Bagdad se queda sin electricidad durante seis horas diarias. "La arqueología pasa por un momento tranquilo –dijo Damerji-. Ahora podemos realizar nuestros propios proyectos." Había madrugado para escribir unos párrafos más del que será indudablemente un texto voluminoso, la historia de la arquitectura en Mesopotamia, la tierra entre los ríos Tigris y Éufrates donde hunde sus raíces la civilización occidental. Las sanciones de la ONU, entre ellas un embargo comercial vigente desde la invasión iraquí de Kuwait en 1990, mantienen alejados a los equipos extranjeros (estadounidenses, italianos, alemanes, franceses, japoneses) que iban a su oficina para proponerle excavaciones en las fabulosas ruinas de Iraq. Aún es posible subir al zigurat de Ur e intentar descifrar la escritura cuneiforme allí grabada, o pasear por Babilonia e imaginar el esplendor de los jardines colgantes. Yo lo hice, pero prácticamente solo, ya que el turismo ha muerto. Lea el artículo completo en la revista.