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Surinam

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¿El conocimiento de las plantas medicinales autóctonas podrá ayudar a proteger el bosque lluvioso de América del Sur y reforzar la economía de esta joven nación?

En lo más recóndito del bosque lluvioso del Surinam, junto al Sipaliwini, un río de aguas tranquilas que atraviesa el poblado indígena de Kwamalasamutu, el chamán examinaba a su aprendiz. Le observaba mientras extendía las plantas que había recogido durante la mañana sobre las toscas tablas del suelo de la cabaña. El aprendiz, un indio tirió, cogía las plantas y señalaba partes de su cuerpo para indicar qué enfermedades podía curar cada una de ellas. Decía con voz pausada que una planta que los tirió llaman ko-noy-uh, de la familia del jengibre, puede curar el resfriado y el dolor de garganta. Explicó que el pah-nah-ra-pah-nah, una planta trepadora de la familia de la hierba carmín de América del Norte, se puede frotar en el pelo para matar las pulgas y los piojos. Describió cómo la savia del tah-mo-ki ah-un puede curar la fiebre infantil. El chamán estaba contento de los progresos de su discípulo.Escenas como esta se repiten a menudo en buena parte del bosque lluvioso de Surinam, en parte gracias a los esfuerzos de Conservación Internacional (CI), una organización ecologista que trabaja con los nativos para preservar los recursos naturales y culturales del país. El grupo patrocina el Programa de Aprendices de Chamán, que se basa en los conocimientos botánicos de los indígenas para ayudar a investigadores de Estados Unidos a identificar plantas que puedan transformarse en medicamentos.Lea el artículo completo en la revista.