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Suricatos

Suricatos

Suricatos

La organización social de estos pequeños mamíferos de África es sorprendente. Su lema: ayuda y te ayudarán.

Bañado por la luz dorada y oblicua de un atardecer del Kalahari, Juma, un joven suricato macho, observa el lecho arenoso del río Nossob: nada a la vista excepto la brisa caliente y un coro vespertino de gecos. Seis cachorros que acaban de venir al mundo frotan el hocico contra su barriga con la esperanza de encontrar leche. Juma ha estado cuidándolos desde el alba, ignorando el hambre que roe sus entrañas mientras observa el cielo ante la posible aparición de águilas, y el horizonte en busca de chacales, serpientes, mangostas amarillas u otros suricatos de territorios vecinos que matarían a las crías si encontraran la madriguera desprotegida.En un gran grupo de suricatos, que puede llegar a estar formado por 40 miembros, Juma, de seis meses de edad, sería demasiado joven para cuidar de los cachorros. Pero el suyo sólo se compone de cinco adultos, de modo que debe hacer su turno de vigilancia. De los diez grupos que mi equipo de investigación –biólogos de la Universidad de Cambridge y de la Universidad de Pretoria, además de algunos estudiantes– siguió durante cinco años en lo que más tarde sería el Parque Transfronterizo Kgalagadi, el que mejor llegamos a conocer fue el de Juma. Lea el artículo completo en la revista.