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Sonora desde el aire

Sonora desde el aire

Sonora desde el aire

Esculpido por el viento y por el agua, este enigmático desierto de América del Norte queda al descubierto cuando se observa desde lo alto. En una avioneta construida por él mismo, el autor del reportaje sobrevuela la topografía erosionada de Sonora y nos ofrece una visión peculiar de sus paisajes.

Así me gusta volar: con sencillez, sin cabina y despacio. Tras años como piloto comercial, me sentía cada vez más frustrado por la velocidad y por el confinamiento de los aviones grandes, así que me construí uno. Mi Kolb TwinStar es ligero (200 kilos), de baja velocidad (de 55 a 120 kilómetros por hora), fácil de manejar (lo piloto con los pies y la pierna derecha para poder sujetar la cámara con las manos), plegable (lo remolco hasta los lugares que quiero fotografiar) y descubierto (el motor está detrás de las alas y el asiento delante). Solo en el cielo, con los pies colgando en el aire, siento que podría extender la mano y tocar los lugares que fotografío. Aun así, no me resultó fácil comenzar a amar el desierto de Sonora. Cuando hace cinco años me mudé a Tucson, acababa de dejar mi trabajo como piloto para el pueblo navajo en el nordeste de Arizona, donde durante más de un decenio sobrevolé cañones de roca roja, agujas y cerros. La topografía erosionada y repetitiva del desierto de Sonora no se puede comparar con la de los Four Corners (la intersección de los estados de Colorado, Nuevo México, Arizona y Utah), pero hay algo transitorio en el lugar que me cautivó, como la forma en que una lluvia repentina puede transformarlo en una noche.Lea el artículo completo en la revista.