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Somalia

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Tras el derrocamiento del dictador Siyad Barreh en 1991, los señores de la guerra iniciaron una lucha por el poder que trajo la hambruna a esta nación del África oriental. Actualmente, un "ejército" civil formado por empresarios y expatriados que aportan dinero a su país ha hecho posible una reactivación económica que brinda un rayo de esperanza al pueblo somalí, devastado por las guerras entre clanes.

Somalia parece ser la quintaesencia de lo que denominamos un estado fallido. La última vez que este país desértico tuvo algo similar a un gobierno "normal", con recaudación de impuestos, servicios sociales y leyes en vigor, fue durante el mandato de un sanguinario dictador llamado Siyad Barreh. Cuando una revuelta nacional derrocó a Barreh en 1991, el poder político de casi toda Somalia cayó en manos de los señores de la guerra rivales, quienes, como grandes señores feudales de la Edad Media europea, desplegaron sus ejércitos privados para luchar por el poder mientras cientos de millares de somalíes se morían de hambre. La intervención exterior, pese a sus buenas intenciones, no ha sido de mucha ayuda, y con frecuencia ha empeorado las cosas. Somalia, estado que forma el Cuerno de África y cuyas costas están bañadas por el océano Índico en el este y por el golfo de Adén en el norte, es en su mayor parte una tierra árida con sólo dos ríos de cierta importancia, uno de los cuales se seca intermitentemente. El relieve del país es llano, a excepción de las montañas, bajas pero abruptas, de la región septentrional. Lea el artículo completo en la revista.