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Seda mortal

Seda mortal

Seda mortal

Las telarañas, redes de una resistencia increíble, son el arma de las adaptables y astutas arañas. Algunas especies utilizan la seda para cobijarse, pero la mayoría usa estas telas para tender pegajosas trampas a sus desprevenidas presas.

Una tarde, en un hábitat muy poco prometedor (el patio de un hotel en los arrabales de San José, en Costa Rica), un biólogo llamado Bill Eberhard se inclinó sobre una zona de jardín donde no parecía que ocurriera gran cosa. En la mano llevaba un viejo calcetín de gimnasia relleno de almidón, metido en el otro par, y lo golpeó suavemente. Una nube de polvo blanco flotó por el jardín y se posó en cada una de las superficies. Como imágenes que cobran vida en un cuarto oscuro, las telarañas comenzaron a materializarse. "Surgen de la nada", dijo Eberhard. Había unas cinco o seis en un área de casi un metro cuadrado, la mayoría de ellas clásicas telarañas circulares, con radios que se proyectaban a partir de un centro. Cada círculo era perfecto en sí mismo, con un millar de delicadas intersecciones y una inclinación particular para formar su propio ángulo de captura. Hasta que el polvo se posó, todas parecían invisibles. Para los insectos alados debía de ser como nadar en un mar repleto de redes de pesca, con la salvedad de que algunas arañas, al contrario que los pescadores, se comen sus propias redes y las vuelven a tejer hasta cinco veces al día. Lea el artículo completo en la revista.