Conservación

Salvar un santuario

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11 de diciembre de 2012

El mar de Ross podría considerarse el Serengeti de nuestros océanos. Con sus más de 40 especies endémicas, nutre a todos los eslabones de la cadena trófica: desde orcas, rorcuales aliblancos y pingüinos de Adelia y emperador, hasta el krill. Como la región es inaccesible y está aislada de forma natural por el clima, hasta ahora el impacto humano ha sido mínimo, pero las cosas podrían cambiar. La sobrepesca en la mayoría de las aguas del planeta ha empujado a los pescadores hacia zonas remotas para satisfacer una demanda en crecimiento, y el mar de Ross constituye una fuente tentadoramente rica. Para preservar su delicado equilibrio y prevenir la sobreexplotación (la captura más valiosa de la zona desde el punto de vista comercial es la merluza negra austral), los conservacionistas han pedido que se establezca un santuario marino. Al igual que el océano Austral, el mar de Ross está regido por la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), una sociedad de países con intereses científicos o comerciales en la región. Este mes de octubre sus miembros tomarán una decisión sobre este tema. Los países con licencia para pescar en el mar de Ross –entre ellos Nueva Zelanda, Corea del Sur, Japón, Uruguay, Rusia, España, Reino Unido y Noruega– quizá se muestren contrarios. No se trata solo de crear la reserva, sino también de negociar sus límites. «Es posible que se protejan zonas, pero podrían quedar excluidas áreas de conservación importantes por culpa de los intereses pesqueros», dice el doctor Rodolfo Werner, asesor de la Coalición Antártica y del Océano Austral. —Claudia Muzzi

 

Foto: Imagebroker / Gtres