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Río del Dragón Negro

Río del Dragón Negro

Río del Dragón Negro

Una estrecha y sepreante cinta de agua separa dos mundos muy distintos: un empobrecido confín de Rusia y la provincia china de Heilong Jiang, en pleno desarrollo económico.

El río al que los chinos llaman del Dragón Negro, Heilong Jiang, tiene algo de extraordinario. Recuerdo con intensidad la primera vez que me percaté de ello, hacia finales de los años setenta, una asfixiante y calurosa mañana de domingo en pleno verano.Me acerqué a un telescopio en el polvoriento pueblo ribereño de Heihe, donde unos cuantos jóvenes emprendedores habían encontrado e instalado periscopios y telescopios que habían pertenecido al ejército para que los curiosos pudieran observar la población rusa de Blagovéshchensk, un lugar tan extraño como la cara oculta de la Luna.El obturador del telescopio se abrió en cuanto pagué a su persuasivo propietario unas cuantas monedas. En un instante observé por mí mismo los detalles cotidianos de la vida en Blagovéshchensk. Una pareja de jóvenes paseaban cogidos de la mano junto al río. Ella era rubia y llevaba un vestido de guinga, y él vestía pantalón corto y camiseta. Paseaban un perro. Un grupo de niños jugaban al fútbol. Un joven soldado pelirrojo comía un pedazo de pastel, sentado en una terraza. Un par de chicas tomaban el sol con bikinis poco favorecedores, que en aquel momento estaban de moda en Rusia. Dos ancianos jugaban al ajedrez frente a lo que parecía ser una iglesia. Un joven, con la cabeza bajo el capó de un viejo coche, trataba de reparar el motor. Era todo tan corriente y, sin embargo, tan profundamente diferente a cuanto había a mi alrededor en la otra orilla del río, que la impresión me sacudió como un rayo.Lea el artículo completo de la revista.