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Regreso a Marte

Regreso a Marte

Regreso a Marte

El llamado planeta rojo es muy distinto de aquel erial inerte descrito en otro tiempo por los científicos. Si todo sale según lo previsto, tres módulos de aterrizaje –el Beagle 2, de la ESA (Agencia Espacial Europea), el Spirit y el Opportunity, ambos de la NASA– se habrán posado en enero sobre la superficie marciana. Complementados desde el espacio por sondas orbitales de última generación, estos ingenios intentarán hallar respuestas a la gran pregunta: ¿Podría haber agua en estado líquido en Marte y, con ella, signos de vida?

Es más polvorienta que un desierto azotado por la tormenta, más seca que un dry martini y más fría que el beso de la muerte. Como gran parte de Marte, la llanura de color caramelo es inhóspita, vacía, arcaica. Pero unos cientos de metros al sur, más allá de un grupo de colinas bajas e irregulares, el paisaje cambia. Las colinas se extienden hasta una cresta que se eleva bruscamente. Al otro lado, el terreno cae en abrupto desnivel. Es el borde de un cráter. Unos 800 metros más abajo, el suelo aparece surcado y ondulado por extrañas formaciones concéntricas. Parece como si algo hubiese estado agitándose en ese suelo hace poco, o estuviese agitándose aún.Hay más indicios de movimiento: una capa lisa que antaño cubría la ladera se ha desprendido y deslizado hacia el suelo ondulado. Barrancos de cabecera redondeada cortan esa misma capa, mientras que extrañas lenguas de quién sabe qué lamen el pie de la pendiente.Paisajes como éste están cambiando la perspectiva que los geólogos tienen de Marte. Desde hace tiempo les fascina el pasado remoto del planeta. Ahora les entusiasman los misteriosos procesos que modelan su presente, relacionados en gran parte con su aparente frialdad. El hielo marciano no es de por sí una novedad; hace años que los geólogos esperaban encontrarlo incrustado en el suelo en latitudes medias y altas.Lea el artículo completo en la revista.