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Prestige, un año después

Prestige, un año después

Prestige, un año después

Al cumplirse un año del hundimiento del petrolero, empiezan a perfilarse las primeras consecuencias de la catástrofe, unas consecuencias extremadamente complejas de evaluar dados los múltiples factores que deben tenerse en cuenta y los efectos que podrían tener lugar a largo plazo. Desde alta mar, el vertido arribó a la costa y se ha filtrado por las infinitas capas de la vida cotidiana, causando efectos no sólo ecológicos sino también sociales, políticos y sanitarios.

A partir del momento en que el Prestige comenzó a liberar su carga de fuel en alta mar frente a las costas de Galicia, se desencadenó una intrincada red de fenómenos cuyas consecuencias han ido mucho más allá de las cuestiones puramente ecológicas. Tras impactar de lleno en el medio ambiente, los efectos del vertido se han filtrado por las infinitas capas que componen la vida cotidiana, causando efectos ecológicos, sociales, políticos, económicos, legales, jurídicos, sanitarios, científicos y tecnológicos. Volveremos a recordarlo. Eran las 14.15 del 13 de noviembre de 2002 cuando el petrolero Prestige, cargado con 77.000 toneladas de fuel-oil pesado, lanzó una señal de socorro debido a un fuerte escoraje del navío. Tras un errático viaje de seis días, a las 8 de la mañana del 19 de noviembre se partía en dos a 133 millas del cabo Finisterre y a 145 millas de las islas Cíes, hundiéndose para siempre.Lea el artículo completo en la revista.