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Pekín

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Reforzada por la inversión extranjera, la economía de Pekín (Beijing) está transformando el paisaje urbano de la capital de China, así como el estilo de vida y las expectativas de sus habitantes.

Dos mujeres jóvenes reían bajo sus sombreros de paja al salir de la estación del ferrocarril de Pekín (Beijing). Pasearon ante edificios con las azoteas cubiertas de antenas parabólicas y se dirigieron hacia un centro comercial en el que un obelisco con diferentes mensajes publicitarios señalaba el camino."Avanzad por el camino de la construcción del socialismo con características chinas", rezaba una inscripción en caracteres chinos. "Descendientes del dragón, usad la tarjeta Dragón", se leía en otra que alentaba a los clientes a usar una nueva tarjeta de crédito. Ambos mensajes parecían competir por su cuota de mercado en las mentes de los pekineses.En este y en otros sentidos, el Pekín de hoy está inmerso en el cambio: los viejos ideales confucianos de cultivo personal y valores familiares entran en conflicto con la nueva importancia que se da al dinero y al mercado; se está reemplazando una cultura burocrática, concebida para mantener vigilado al pueblo, por una movilidad desarraigada; el auge de la construcción está reconfigurando el perfil achaparrado y las angostas callejuelas con rascacielos de cristal y acero; el tráfico de automóviles atesta las calles en las que en otro tiempo apenas sonaban los timbres de las bicicletas; el polvo se mezcla con los gases de los tubos de escape y forma una neblina casi permanente; el desempleo y la alta tasa de subempleo crean malestar; y la corrupción ha hecho salir a las calles a miles de ciudadanos en señal de protesta.Lea el artículo completo en la revista.