Nick Nichols: fotografiando a Jane Goodall

Entrevistamos al mítico fotógrafo que ha trabajado durante años codo a codo con ella

Jane Goodall

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15 de mayo de 2015

10 curiosidades sobre Jane Goodall

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10 curiosidades sobre Jane Goodall

Michael («Nick») Nichols lleva fotografiando a Jane Goodall desde 1989. Su primer proyecto juntos, Brutal Kinship, fue anterior a la relación de Nichols con National Geographic. Nichols ha fotografiado a Goodall para varios reportajes de la revista, de los que han salido algunas de las imágenes más emblemáticas de la primatóloga. En honor del octogésimo cumpleaños de Jane Goodall, pedí a Nichols que compartiese con nosotros algunas de sus vivencias con ella.

Janna Dotschkal: ¿Qué sabía de Jane Goodall antes de conocerla?

Nick Nichols: Jane Goodall y Dian Fossey eran las heroínas de mi infancia. Admiraba infinitamente su labor. Mi primer trabajo con animales fue con los gorilas de montaña, cuando Dian estaba en Cornell escribiendo Gorilas en la niebla. Con aquellos gorilas viví un largo período de aprendizaje que me condujo a los chimpancés. Trabajaba para la revista GEO y firmé un reportaje sobre chimpancés para ellos antes de colaborar con National Geographic.

Jane vio mi libro Gorilla: Struggle for Survival in the Virungas y pensó: «¿Por qué no haces lo mismo con los chimpancés?».

Jane sabía que los chimpancés son un millón de veces más complicados que los gorilas. Los chimpancés se han utilizado como sustitutos de los humanos en la investigación biomédica y en los programas espaciales. Cuando me acerqué a ellos, se celebraba un congreso sobre chimpancés, en 1989. La gente empezaba a darse cuenta de que los chimpancés estaban en peligro por la destrucción del hábitat, que carecían de derechos y que la investigación biomédica entrañaba muchas cuestiones peliagudas. ¿Quién mejor que Jane Goodall para convertirse en paladín visible de los chimpancés con el trabajo que llevaba a cabo en Gombe? Por entonces ella todavía no había abrazado el activismo. En aquel momento su discurso era: «Soy una científica seria. He aquí la verdad sobre los chimpancés». Quería demostrar su valía científica.

Janna: ¿Recuerda cómo se conocieron?

Nick: La primera vez que vi a Jane fue en un acto del Museo Americano de Historia Natural, donde iba a retratarla. Estaba muerto de miedo… Para mí era como conocer a una estrella del rock.

Tenía que discurrir algo ingenioso para fotografiarla porque ella estaba de paso en Nueva York para dar una conferencia. La fotografié delante de una pantalla donde se proyectaba la imagen de un chimpancé. Nos sentamos y le comenté lo que intentaba hacer para poner de relieve los problemas de los chimpancés. Me contestó: «Nosotros te ayudaremos». Así que me fui con su hijo Grub al África occidental. Allí se vivía una situación complicada. Un exnazi vendía chimpancés al sector biomédico. Se capturaban chimpancés para el mundo del espectáculo y había un laboratorio que sorteaba las leyes llevando a cabo sus experimentos en África.

Casi no salgo vivo de aquel viaje. Enfermé de todo lo habido y por haber: malaria, hepatitis B, fiebre tifoidea. Me alojaba en una aldea de Guinea donde los chimpancés usan megaherramientas y no había nada de confianza que llevarme a la boca. Comí un poco de guiso de murciélago y acabé en el hospital. Grub no se movió de mi lado mientras yo entraba y salía del coma. Aquella experiencia realmente consolidó las cosas… Hasta ese momento era inconcebible que Goodall y yo fuésemos amigos, pero lo que yo quería era poner de relieve su labor. Aquella experiencia me unió de algún modo a su familia.

Janna: ¿Cómo empezó a trabajar con Jane?

Nick: Jane es muy pragmática. Si te la presentan, a los cinco minutos está tratando de convertirte para que cambies el mundo. Me veía como alguien que… Pensaba: «Este chico tiene energía y talento, defenderá a los chimpancés». Jane y yo trabajamos juntos en nuestro libro Brutal Kinship y luego comenzó la relación con National Geographic. Ellos querían publicar un reportaje sobre primates antropomorfos y humanos, y yo era la persona idónea para hacer las fotos, pues estaba interesado en explorar la interrelación entre ambos.

Viajamos a Brazzaville, en el Congo. Allí conocimos a Gregoire y Jou Jou. Gregoire era un chimpancé al que habían metido en una jaula en 1945. En plenos años noventa te preguntabas cuánto tiempo llevaría allí sentado. Lo había encontrado Brigitte Bardot. Tenía cataratas y era adicto al tabaco. Jane decidió que iba a rescatarlo. Ahí fue cuando la fotografié ofreciéndole su pelo a Jou Jou. Era un gesto muy peligroso, pero ella sabe cómo desarmarte. No se puede confiar en los chimpancés. A ella no le gusta reconocerlo, pero son muy parecidos a nosotros. Maquiavélicos. Los gorilas no tienen esa tendencia, pero también es cierto que no son tan inteligentes como los chimpancés. Completé aquel proyecto y luego decidimos [en National Geographic] que debíamos hacer una biografía. Y fue entonces cuando no me separé de ella, casi como si fuese su guardaespaldas. La gente la idolatraba y veía en ella un ejemplo. Pasé mucho tiempo con ella.

Nuestra comunicación siempre giraba en torno a los chimpancés. Todo aquel que la respeta sabe lo austera que es. Come como un pajarito, prácticamente no duerme, trabaja sin descanso. La conocí en 1989. Tenía 55 años, menos de los que tengo yo ahora.

Janna: ¿Qué es lo más importante que ha aprendido de Jane?

Nick: Me enseñó que suelo hacer juicios de valor globales. Ella trata a todo el mundo como individuos. Es algo que le enseñaron Flo, Fifi y su propia madre. Y ella podría enseñárselo a su vez a los demás. Para ella, cambiar la opinión de una persona tiene un valor enorme. Es la vieja filosofía de que si tienes un megáfono en la mano, consigues convencer a alguien y ese alguien llega a tener poder, tú acabarás ejerciendo una gran influencia. Me ayudó a comprender que todos tenemos mucho poder y que debemos tomárnoslo en serio.

Un buen día se despertó y era Jane Goodall. Según su manera de pensar, en este mundo tienes que ser eficaz. Desde que la conozco, no ha parado ni un segundo. No descansa jamás en su trabajo por el bien del planeta. Al principio defendía a los chimpancés, pero ahora defiende al planeta entero. Le gusta centrarse en la juventud. Baila con presidentes, reyes y reinas. No tienes más remedio que escucharla y empaparte de sus palabras.

Durante todo el tiempo que pasé con Jane jamás la dirigí, solo hice de testigo. Me decía: «Nick, para. Hoy no me hagas fotos». Nunca tomé ni una foto cuando ella me decía que parase. Dejaba la cámara. Mi trabajo es observar, no dirigir. No necesitaba dirigir nada: si pasas con ella tiempo suficiente, tarde o temprano hará algo que te dará una fotografía potente.

Janna: De su trabajo conjunto, ¿cuál es su foto favorita de las que ha tomado a Jane?

Nick: Mi foto favorita es esa en la que aparece con Gregoire y ella sale desenfocada. Ni siquiera tienes que enfocarla para que el espectador la reconozca, porque es todo un símbolo. Hasta la coleta es simbólica. Recuerdo una vez que estaba dando una charla en Cornell y le saqué una foto en la que solo se veía la coleta y las caras del público. Yo siempre hice de convidado de piedra, y ella siempre me dio imágenes interesantes.

El día que entramos en la jaula de Gregoire fue extraordinario. Nos habían dicho: «Nadie ha entrado ahí durante décadas. Esa puerta no se ha abierto jamás». No sé si la echaron abajo o si desoldaron las bisagras. Gregoire era viejo, el equivalente a un humano de 100 años. Me senté en un rincón y observé cómo Jane interactuaba con él. Llevaba puestas dos camisas para que Gregoire pudiese desabotonarle la primera. Porque ya sabía que querría acicalarla. Era un anciano, estaba medio ciego, hecho un manojo de nervios, tembloroso. Sabe Dios cuánto tiempo hacía que no tenía contacto físico con nadie.

Jane se lo llevó a uno de sus orfanatos. Allí murió rodeado de chimpancés jóvenes. Esos orfanatos se hacen cargo de los chimpancés hasta que mueren. Es como internar a un humano en un sanatorio mental. Pueden rehabilitarse, eso se da por supuesto.

Janna: ¿Qué impresión tiene de Jane después de trabajar con ella tanto tiempo?

Nick: La verdad es que me gustaría poder decirle que no trabaje las 24 horas del día. Pero para Jane el trabajo es su vida. Hizo esa elección y está feliz con ella, encantada. La gente sabe que es real, no una pose de cara a la galería. No creo que haya cambiado desde que cumplió cinco años. De todo eso ha hecho su vida. Alcanzó la fama y no la desperdició. Lo importante es que ser Jane Goodall no resulta nada fácil. Conlleva una enorme responsabilidad. Según su filosofía, cuidar solo de sí misma sería puro egoísmo. Tiene que cuidar del planeta entero.

Yo hago mi trabajo y me retiro. Sería estupendo que en un momento dado pudiésemos pasar algún tiempo juntos, ir a dar un paseo sin tener que pensar en nada más. Pero Jane está siempre trabajando. Sabe que las fotos van a acabar en algún sitio y es consciente de que estamos comunicándonos con el mundo. Yo no era nadie y de repente empecé a ser merecedor de su respeto, porque veía en mí una herramienta. Nos respetamos mutuamente, podemos llorar juntos. Los Goodall son una raza longeva. Tiene 80 años y está en plena juventud.

Continúa siendo un icono para mí, solo que la conozco un poco mejor. Consigo ver a la persona real, la que no es una superwoman. Y lo que me ha enseñado es que ninguno de nosotros somos Supermán.