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Nápoles indómito

Nápoles indómito

Nápoles indómito

Apasionada, caótica y maestra en el arte de apañárselas, la metrópoli italiana aprovecha sus virtudes y trata de resolver sus problemas.

Algunas de las cosas de Nápoles parecen propias de una comedia. Su propio nombre hace pensar en pizzas, tintineantes mandolinas y encantadores e incorregibles inocentes gorjeando "O sole mío"; un estimulante lugar donde la única respuesta a la pregunta "¿por qué?" parece ser "¿por qué no?".Nápoles, donde incluso la verdad tiene un matiz extrañamente falso. Un día un coche golpeó por detrás a un microbús de la ciudad. El conductor se apeó para investigar. Mientras estaba allí de pie hablando, su único pasajero cogió el volante y arrancó. Nunca más se volvió a ver ni al pasajero ni al autobús.En otra ocasión, durante un concurrido almuerzo en la oficina central de correos, se abrió una grieta en el techo y una avalancha de cruasanes rancios cayó sobre los funcionarios. Mientras los encargados de la limpieza arrastraban bolsas de basura llenas de bollos de desayuno enmohecidos, persistían las preguntas: ¿quién?, ¿por qué? Y ¿qué más podía haber aún allí arriba?Lea el artículo completo en la revista.