Arte

La nueva Gioconda

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Una réplica del famoso cuadro de Leonardo es rescatada del olvido

El reciente hallazgo de una réplica de La Gioconda (izquierda) en el Museo del Prado ha vuelto a poner en boca de todos a Leonardo da Vinci y a su musa más insigne. No es que la pintura estuviera perdida entre los fondos artísticos de la galería. Durante años el cuadro estuvo colgado en las paredes de la pinacoteca madrileña. Se trata de un delicado retrato prácticamente idéntico al de la célebre Mona Lisa de Leonardo (derecha), oscurecido por el paso del tiempo, del que se creía había sido pintado sobre un soporte de roble, la madera preferida por los antiguos pintores flamencos a los que se atribuía su autoría.

Pero un proceso de restauración previo a una exposición inminente que tendrá lugar en el Louvre, donde reside la genuina «chica Da Vinci», reveló que en realidad el soporte era de nogal, madera utilizada habitualmente por los artistas florentinos de la época, y no de roble como se suponía. Bajo esa capa oscura acumulada durante cinco siglos, los restauradores hallaron una obra de arte mucho más relevante de lo esperado.

En un congreso sobre pintura del Renacimiento celebrado hace poco en Londres, expertos y restauradores expusieron sus conclusiones: La Gioconda del Prado es contemporánea de la del Louvre y se habría pintado en el estudio de Leonardo, entre 1503 y 1506. Más luminosa que la parisina, sus medidas son muy similares: 76 x 57 centímetros frente a los 77 x 53 que mide la original.

Los estudios artísticos han revelado que mientras Leonardo pintaba la célebre Mona Lisa, un alumno del maestro habría ejecutado su propia versión del retrato. El pupilo incluso pudo estar presente mientras la modelo posaba para Da Vinci. Los «arrepentimientos», o correcciones que éste fue haciendo en su obra, fueron también fielmente reproducidos por ese asistente misterioso, quien se esforzó en realizar una «fotocopia» simultánea del que se convertiría en uno de los cuadros más famosos del mundo. Lo que todavía no se sabe es quién era el afortunado discípulo. Se barajan dos nombres: Andrea Salaï y Francesco Melzi. Tal vez en el futuro los avances en la técnicas de restauración permitan averiguar la identidad del enigmático personaje. La obra se expondrá en la sala 49 del Museo del Prado desde hoy y hasta el 13 de marzo, antes de su traslado al Museo del Louvre.  –Eva van den Berg

 

Foto: Museo del Prado (izquierda), Bertrand Rieger / Gtres (derecha)