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La joya colonial de Cuba

La joya colonial de Cuba

La joya colonial de Cuba

La ciudad de Trinidad, rica en arquitectura del siglo XVIII, ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad.

Situada entre la sierra de Escambray y el mar Caribe, Trinidad era originariamente el territorio de los tainos, que cribaban oro en los ríos cercanos. Los conquistadores fundaron la Villa de la Santísima Trinidad, tercer asentamiento español en Cuba, en 1514. En sus calles, dispuestas alrededor de una espaciosa plaza, Hernán Cortés organizó hombres y suministros para su conquista de México. Las riquezas de los aztecas eclipsaron todo lo que había en ella, y Trinidad se convirtió en puesto avanzado de contrabandistas y piratas. Los tainos fueron virtualmente exterminados en 1550. La época de esplendor llegó a finales del siglo XVIII, cuando los beneficios del azúcar, cultivado en el Valle de los Ingenios de Azúcar, financiaron la construcción de casas y edificios magníficos, como el antiguo convento de San Francisco, cuya torre es el punto de referencia más reconocible de Trinidad. En 1689, la ciudad tenía 980 habitantes; en 1755, casi 6.000. Cuando acabó la época de las plantaciones, Trinidad volvió a ser un páramo. El ferrocarril no llegó hasta 1919 y no hubo una carretera hasta los años cincuenta. El aislamiento preservó su núcleo colonial, donde hoy viven 6.000 personas. Los barrios antiguos se están restaurando. Lea el artículo completo en la revista.