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La altitud y la zona de la muerte

La altitud y la zona de la muerte

La altitud y la zona de la muerte

El cuerpo humano empieza a fallar por encima de los 8.000 metros de altitud.

"No soy más que un simple pulmón jadeante, flotando sobre las nieblas y las cumbres." Así describió Reinhold Messner sus momentos en la cima del Everest en 1978, cuando junto a Peter Habeler asombraron al mundo al ser los primeros en coronar la montaña sin oxígeno adicional. Después, 90 alpinistas han repetido la hazaña, un logro extraordinario si se tiene en cuenta que una persona no aclimatada, trasladada directamente desde el nivel del mar hasta la cumbre, perdería el conocimiento en tres minutos y moriría al cabo de otros diez a causa de la falta de oxígeno. "El Everest se puede escalar con tiempo –dice Rob Roach, fisiólogo especialista en altitud–. Sin embargo, puedes torturarte en muchos aspectos tratando de hacerlo." La congelación es un riesgo en una montaña donde el termómetro marca con frecuencia menos de 10 grados bajo cero y el viento supera los 150 kilómetros por hora. La deshidratación hostiga al escalador, que cada día exhala más de tres litros de humedad. Lea el artículo completo en la revista.