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Irán

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Tras dos décadas bajo el dominio de los ayatollahs, muchos iraníes suspiran por una mayor libertad y menos control del estado. Su paladín, el presidente Mohamed Jatamí, empuja al país hacia una mayor apertura, pero se enfrenta a una lucha por el poder cada vez más intensa.

Una luminosa tarde de abril, tres parejas jóvenes ascendian por el empinado sendero que bordea el río Darakeh, al norte de Teherán. El río nace en los montes Elburz, cuyos picos nevados forman un majestuoso telón de fondo para el caótico trazado urbanístico de la capital. A una altitud de entre 1.300 y 1.700 metros, la zona que se extiende junto al Darakeh es uno de los pocos refugios contra el aire impuro y el clamor de Teherán. Era viernes, el día de descanso de los musulmanes, y las parejas charlaban animadamente mientras paseaban bajo los sauces y los plátanos cargados de brotes verdes.Pasaron junto a puestos ambulantes donde los vendedores ofrecían nueces y frutos secos, o refrescos que enfriaban en unas viejas tinas llenas de la gélida agua del río. Unos hombres hacían palomitas de maíz en estufas de propano. En las proximidades, la gente pagaba unos cientos de riales (unos duros) a un individuo cuyos periquitos adivinaban el porvenir caminando muy tiesos por una serie de papeletas dobladas y eligiendo con el pico misivas que auguraban riqueza, larga vida y matrimonio.Lea el artículo completo en la revista.