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Hanoi

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Hanoi

Un periodista regresa a Vietnam después de haber trabajado en el país como corresponsal de guerra. Contrariamente a lo que esperaba encontrar, la capital vietnamita no sólo ha cauterizado sus heridas tras las múltiples contiendas, sino que se ha convertido en una ciudad rebosante de energía, respetuosa con su pasado y plena de seducción.

Nunca me propuse regresar a Vietnam. Había huido del país en dos ocasiones siendo corresponsal de guerra. Una fue en 1970, cuando llevaba dos años allí, y la otra en 1975, durante los últimos días de Saigón. Mis amigos me decían: "Es un país hermoso. Me encantaría regresar cuando haya paz". A mí no. Nunca quise volver. Los recuerdos de Vietnam y de lo que los vietnamitas llaman la guerra americana se habían desvanecido en una imagen distante y no deseada. Ahora, una generación después, era invierno en Hanoi, la ciudad a la que había llamado mi hogar durante varios años. Desde mi balcón en el noveno piso sobre el lago de la Seda Blanca, esta capital extraordinariamente hermosa que me había sorprendido de tantas maneras yacía bajo un manto de niebla húmedo y frío. Escuché los sonidos familiares de la calle: la aguda llamada del vendedor de pan, el chico de los periódicos recitando los titulares del día a través de un megáfono desde su bicicleta, el gruñido de los martillos neumáticos, el "toc toc toc" del martillo sobre el molde de una estatua en bronce de Buda.Lea el artículo completo en la revista.