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Grizzlies

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Reyes de las tierras salvajes, estos osos pardos, ávidos predadores, inteligentes y con gran capacidad de adaptación, se enfrentan a un hábitat cada vez más limitado a causa de la creciente demanda humana de espacio. De estas legendarias criaturas del Oeste americano quedan hoy unos 58.000 ejemplares, más de la mitad en Alaska, y sólo 1.100 en el resto de Estados Unidos. La recuperación de los grizzlies, que en 1975 entraron en la lista de especies en peligro, pasa, entre otras medidas, por crear corredores biológicos que unan las diversas áreas de distribución, hoy fragmentadas.

En la montañosa costa del sur de la Columbia Británica, los salmones de otoño remontan el Glendale Creek para desovar. Entre ellos chapotea un oso grizzly, dorado como las hojas del álamo. Un collar de pelo plateado le rodea hombros y pecho. Su pelaje difiere tanto del uniforme pardo oscuro de la mayoría de los grizzlies costeros, que los científicos que estudiaban los osos de la zona bautizaron a este macho añal como Panda. "Está muy malcriado –dice el investigador Chris Bright–. Fíjese."A pesar de que Panda es ya un predador de 70 kilos, rara vez se molesta en perseguir un pez. Espera a que su madre atrape un ejemplar y entonces se acerca furtivamente para arrebatárselo. Tras comerse la captura intenta mamar, pero ella está muy ocupada levantando a un salmón por el vientre. Cuando los huevos salen despedidos formando un arco rosa, Panda engulle también este pez. Luego se adentra en el agua y embiste a su madre con zarpazos juguetones. En un remanso que les cubre hasta el tórax, Panda está tan entusiasmado que arranca a bailar. Agita la cabeza, boxea con el aire, corre de un lado a otro y, con su cuerpo gordinflón, salta y hace piruetas.Lea el artículo completo en la revista.