Viajeros por el conocimiento

Fueron héroes en aquellos tiempos de paz entre dos guerras: arqueólogos, etnólogos, geógrafos, todos viajeros y científicos. Una evocadora exposición en la Residencia de Estudiantes de Madrid abre sus puertas a la vida y obra de aquellos pioneros

Fotografía de la muestra

Fotografía de la muestra

Fotografía de la muestra en la Residencia de Estudiantes de Madrid.

Foto: Residencia de Estudiantes

28 de febrero de 2011

Tras una historia relevante, prestigiosa, viva hasta hoy mismo y, durante los tiempos oscuros del franquismo, dolorosamente herida, la Residencia de Estudiantes ha cumplido 100 años. Fundada en 1910 por la Junta para Ampliación de Estudios e inspirada en el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos, fue el primer centro cultural de España y una de las experiencias más vivas de creación e intercambio científico, intelectual y artístico en la Europa del momento. Con motivo de este aniversario, y dentro del programa de actividades conmemorativas llevadas a cabo por la Residencia y la Sociedad Estatal de Acción Cultural, se ha querido rendir homenaje a los más sobresalientes conferenciantes que entre 1923 y 1936 transmitieron a un público ansioso de conocimientos sus viajes, sus saberes y, en algún felicísimo caso, sus descubrimientos.

"Los años veinte y treinta del siglo pasado son, sin duda, la época de los grandes viajes, cuando se consolida cierta pasión por conocer más de las civilizaciones lejanas en el tiempo y en el espacio", dice Estrella de Diego, catedrática de Historia del Arte Moderno y Contemporáneo de la Universidad Complutense de Madrid, y comisaria de la exposición Viajeros por el conocimiento, que puede visitarse en la Residencia hasta el próximo día 24 de abril. "Así, frente al saber libresco, se establece un conocimiento de primera mano que va creando leyendas en torno a la figura de arqueólogos, geógrafos, antropólogos u hombres de acción, nombres que transforman la percepción de la contemporaneidad". El afán por ese conocimiento vivo y palpable vinculado a los viajes y expediciones llevó a la Residencia a traer a su cátedra a los personajes más extraordinarios de entre los viajeros-científicos. El objetivo era que los conocimientos, en los diversos campos del saber, fuesen presentados directamente por sus protagonistas: Howard Carter, descubridor de la tumba de Tutankamón; Hugo Obermaier, prehistoriador especialista en Altamira; Charles Granville Bruce, célebre por sus expediciones al Eve­rest; Charles Leonard Woolley, el arqueólogo que excavó Ur; Paul Pelliot, experto en el mundo centroasiático y estudioso de las cuevas de Dunhuang, y otros muchos hombres de ciencia y de prestigio, héroes de su tiempo y exploradores e investigadores de primer orden.

La exposición les rinde un justificado homenaje y lo hace de ma­­nera gozosa, sobria y rigurosa, mostrando no sólo las hazañas de estos viajeros singulares sino también sus desvelos y esfuerzos más íntimos, así como el interés y las gestiones de la Residencia para contar con su presencia como conferenciantes. Asombra y admira la atención y rapidez de reflejos de la institución hacia los acontecimientos en estas disciplinas, el empeño y los contactos con los centros europeos donde se cocinaban y patrocinaban las expediciones, y su sintonía con el espíritu más avanzado y moderno del siglo. Entre los muchos materiales expuestos, se puede ver la correspondencia cruzada entre el director de la Residencia, Alberto Jiménez Fraud, y algunos especialistas ingleses, las oportunas intervenciones del duque de Alba, tan vinculado a sus actividades, o las imágenes del rey Alfonso XIII visitando la tumba de Tutankamón. De este modo sale a la luz una realidad que, observada desde la perspectiva de hoy, parece en cierto modo insólita: la implicación de muy distintos sectores de la sociedad madrileña y española en estas actividades viajeras y científicas, desde la aristocracia hasta los ateneos obreros.

Los viajeros científicos no fueron los únicos en pisar las aulas de la Residencia y dar conferencias. Investigadores, arquitectos, poetas y músicos también lo hicieron, entre ellos, Marie Curie, Albert Einstein, Le Corbusier, Paul Valéry o Igor Stravinsky. Dos fueron las sociedades promotoras de la presencia de nuestros sabios exploradores: el Comité Hispano-Inglés, presidido por el du­­que de Alba y con sede en el palacio de Liria, y la Sociedad de Cursos y Conferencias, fundada por la propia Residencia, presidida por la duquesa de Dúrcal y en la que participaban algunos aristócratas y muchos intelectuales de prestigio, como José Ortega y Gasset. "La iniciativa de estas sociedades civiles fue fundamental, y la presencia de los grandes viajeros tuvo efectos muy provechosos en ambas direcciones –señala Alicia Gómez-Navarro, historiadora del CSIC y directora de la Residencia de Estudiantes–: por un lado posibilitaron la apertura de España a Europa, pero a la vez, Europa, admirada y un tanto fascinada, pudo conocer una España distinta, en pleno proceso de modernización gracias a la educación y la ciencia".

Las conferencias sobre viajes asociados al conocimiento se iniciaron en 1924, y la primera corrió a cargo de Leo Frobenius, etnólogo alemán estudioso de África. La última tuvo lugar en marzo de 1936 y la dictó Rennell of Rodd, diplomático inglés y estudioso de la antigua Grecia (la guerra civil cortó de cuajo estas y cualesquiera otras actividades culturales). El éxito y la repercusión social de estas conferencias fueron enormes. Carter, quien presentó su descubrimiento en 1924, sólo un año después de hacerlo en la Royal Scottish Geographical Society, tuvo que repetir al cabo de dos días, por lo que hoy llamaríamos exigencias del público, en el teatro Fontalba ante un auditorio más amplio, y aún lo hizo por tercera vez en el Real Cinema, en las tres ocasiones acompañando su exposición con una exhaustiva exhibición de fotografías. Todo un acontecimiento social y sociológico: la lista de asociaciones y agrupaciones de todo tipo que pidieron en préstamo las fotos o la película abarcaba todos los sectores, y el periódico ABC le dedicó su portada. Aun siendo el héroe por excelencia, una auténtica leyenda viva, Carter no fue el único en emocionar al Madrid de la época. La conferencia de Frobenius fue publicitada por el mismísimo Ortega y Gasset en su columna de El Sol y publicada en la Revista de Occidente. Y no hubo intervención que no tuviera su correspondiente reseña en la prensa diaria.

La lista de los viajeros por el conocimiento que visitaron Madrid es copiosa y está llena de interés. La exposición se centra en nueve de ellos. Piezas arqueológicas, cartas, cuadernos de viaje, planos y mapas, dibujos, fotografías, periódicos y revistas proporcionan el contexto y nos permiten recrear aquellos momentos legendarios. Un material que invita a seguir el camino, valorar el esfuerzo y acercarnos al alma de aquellos hombres que contribuyeron a conocer más y mejor nuestro mundo.