Las ranas de las nieves

El fotógrafo Cyril Ruoso nos ofrece una mirada en detalle del comportamiento de estos anfibios alpinos

31 de marzo de 2011

Aunque animales de sangre fría, las ranas no se pueden permitir ser indecisas en el amor.

Nada más emerger de una laguna semicongelada a unos 2.000 metros de altitud en los Alpes, las ranas bermejas (Rana temporaria) buscan pareja e inician la actividad reproductora. Adaptadas a las más variadas condiciones, estas ranas han extendido su área de distribución a gran parte de Europa. Aquí, en el macizo de Beaufort, en la Saboya francesa, las aguas no se descongelan hasta junio, lo que deja un breve paréntesis de tiempo de bonanza para que las hembras desoven y los renacuajos se conviertan en ranitas. Las ranas de clima frío crecen más despacio que las de clima templado, pero viven más (12 años frente a 5). También concentran su actividad en las horas diurnas, más cálidas, a diferencia de sus parientes de otras zonas.

Las ranas se aparean en amplexo, una posición en la que el macho, más pequeño, abraza a la hembra por detrás, en una unión que puede durar dos días o más. Cuando la hembra pone los huevos, él expulsa esperma para fecundarlos. Aunque el desove es en primavera, hay parejas que entran en hibernación en amplexo. Su abrazo dura meses, lo que quizá les ofrece la ventaja reproductora de permitirles el apareamiento inmediato en cuanto llega el buen tiempo. Los huevos de las ranas de alta montaña son un 30% más grandes que los de las hembras de llanura, lo que hace que los renacuajos se desarrollen más deprisa. Ademas tanto los huevos como los renacuajos de estas ranas han desarrollado resistencia al daño genético por radiación ultravioleta, más intensa en alta montaña.

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