Langures chatos: los monos que viven a más altitud

Mira más imágenes de estos peculiares monos en esta galería de fotos tomadas por Cyril Ruoso.

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Un langur chato dorado que aún no ha cumplido los dos años descansa sobre una rama en un bosque de montaña de la Reserva Natural Nacional de Zhouzhi, en China. Alcanzará la madurez hacia los siete años de edad. Se ignora cuánto tiempo llega a vivir esta especie.

Cyril Ruoso

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Con cara de pocos amigos, un macho chilla y gruñe a su rival territorial ante la mirada de una hembra, tal vez su compañera. En estos enfrentamientos no suele llegar la sangre al río; el mono cuyas amenazas parecen más feroces es el que sale ganador.

Cyril Ruoso

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Los miembros de una familia se acurrucan juntos en una ladera de China central, donde las bajas temperaturas hacen que hiele durante semanas y la cubierta de nieve se mantenga hasta marzo. Pocos monos resisten un clima tan hostil.

Cyril Ruoso

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Cuando ya no quedan semillas, frutos ni hojas, los langures se alimentan de líquenes, ramitas y cortezas. La mayor parte del forrajeo se concentra en un radio de menos de cinco kilómetros, aunque los territorios pueden ser de hasta 25 kilómetros cuadrados.

Cyril Ruoso

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Cuando se desplazan, los langures salvan obstáculos y atraviesan ríos con gran agilidad, aunque el fotógrafo vio algunos resbalones sobre el suelo helado.

Cyril Ruoso

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Para acicalarse mutuamente, las hembras buscan la seguridad de una rama alta, el lugar preferido de una especie que pasa más del 90% de su vida en las copas de los árboles.

Cyril Ruoso

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Estos dos machos jóvenes parecen estar a punto de sellar un trato, pero en realidad están jugando a luchar: cada uno de ellos está intentando tirar al otro de la rama, una buena práctica para adiestrarse en futuras disputas por la jerarquía y el espacio.

Cyril Ruoso

3 de febrero de 2011

En lo alto de los montes Qinling, en el centro de China, un ágil primate con una cara peculiar ha conquistado un entorno despiadado. El langur chato dorado es una de cinco especies emparentadas, vestigio de una población en otra época muy extendida cuya área de distribución se vio reducida a causa del cambio climático tras la última glaciación. Los grupos supervivientes, organizados en bandas territoriales de hasta 400 individuos, están sufriendo la presión de la tala, de los asentamientos humanos y de los cazadores, que los buscan por su carne, sus huesos de supuestas propiedades medicinales y su denso pelaje. Muchos han tenido que refugiarse en las cotas más altas, donde saltan de rama en rama, atraviesan ríos helados y resisten los largos inviernos a casi 3.000 metros de altitud, protegidos por sus codiciadas pieles.

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En el mundo quedan unos 20.000 ejemplares de la variedad dorada. Unos 4.000 viven en la Reserva Natural Nacional de Zhouzhi. Dentro y fuera de sus fronteras, Rhinopithecus roxellana ha tenido que adaptarse para sobrevivir. Cuando los árboles están desnudos, subsiste con una dieta hipoproteica de líquenes y cortezas. Sus grandes redes sociales contribuyen a repeler a depredadores como la pantera nebulosa.

En la sociedad de los langures chatos, las madres gozan de un estatus más elevado que las hembras sin crías, y los machos con muchas parejas alcanzan gran consideración social. También están bien situados los machos que hacen gala de «perseverancia y coraje», dice el biólogo Qi Xiao-Guang, de la Universidad del Noroeste, en Xian. Los grupos se enfrentan a veces cuando sus territorios se superponen.

Nadie sabe por qué tienen esa cara tan rara, pero la primatóloga Nina Jablonski cree que el hocico chato puede ser un rasgo que evolucionó para combatir el frío extremo, que «podría causar congelación en una nariz carnosa y expuesta a la intemperie».